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viernes, 25 de abril de 2008

Más sobre Wata en el Británico




La imagen me la bajé de Pospost y de la página del Británico me plancho esto:




HABITÓ ENTRE NOSOTROS: JOSÉ WATANABE & POESÍA ACTUAL

La nueva poesía peruana rinde homenaje al poeta trujillano José Watanabe, a un año de su desaparición física, con una lectura de poemas del autor así como poemas propios. Además, este ciclo nos dará luces sobre las audaces experimentaciones de algunos autores de la costa norte y sierra sur, quienes discernirán sobre los nuevos criterios y derroteros que caracterizan la nueva sensibilidad en la poesía.


Tema: Tributo a José Watanabe

Participan: José Donayre, Héctor Ñaupari, Willy Gómez, Arianna Castañeda, Salomón Valderrama, Johnny Barbieri, Andrea Cabel, Matilde Granados (Chiclayo) y Stanley Vega (Chiclayo).

Modera: Miguel Ildefonso.


Interpretación musical de poemas de José Watanabe: Karen Bernedo
Lugar: Auditorio del Centro Cultural Peruano Británico (Jr.
Bellavista 531, Miraflores)

Hora: 7:30 p.m.

Capacidad limitada

Informes: 447-1135 / 446-8511


Ingreso libre.

Despidiendo a Watanabe


Mi amigo Edwin era amigo de Wata, lo quería mucho. Sin embargo, no le gustaba molestar, no por que se creyera algún clon de Martín Romaña, sino porque él es así, intenta pasar desapercibido. Y no solo eso, sino que el trabajo, que tiene hace años, lo ha apartado casi de todo, casi de todos, de los que solo conserva un recuerdo maquillado por el olvido de momentos agrios. Incluso alejado de quienes le dieron la mano. El trabajo es así, esta no es una justificación. Así que a él le sorprendió mucho más que a mí la noticia que de rebote (doble) recibió ese día, en pleno dictado de clases de la mugrosa academia que lo absorbe.

Cerca al mediodía yo le envié un mensaje de texto donde le avisaba que Watanabe había fallecido; dentro de la institución otro amigo nuestro le dijo lo mismo, pero él pensó que solo era una joda. Mi mensaje de texto lo devolvió a la realidad. Wata había muerto de cáncer en Neoplásicas, y sentí que él se culpó de no haber ido al menos a preguntar por su salud. Por eso me llamó a las dos de la tarde. Estoy dolido, dijo, él era mi amigo. Yo sé que lo fue, que él le llevó sus manuscritos y que el maestro le dio la mano y el apoyo para que se animara a publicar aquellos poemas de los que él tanto se avergüenza. Lo sé, se demoró muchos meses para enseñarme en qué parte de su estante de libros los tiene escondidos, así, con un gesto extraño del mentón los señaló. Y con una sonrisa infantil luego. Quedamos para encontrarnos e ir al velorio cuando se desocupara de sus clases.

Cuando lo encontré, subimos al taxi rumbo a San Isidro, mientras me contaba cómo conoció a Watanabe, y mientras trataba de contactar a otro compañero que dijo que iría a la iglesia de la Medalla Milagrosa. El celular no sonaba, parecía que no había señal. Sé que él conoce bien la obra del maestro. Yo no, pero la estoy leyendo, la leía desde antes de que él muriera, y pensaba en un futuro día en el que podría conocerlo y quizás robarle una dedicatoria a algún poemario, o al ejemplar de la Revista Ñ del Clarín, de Argentina, en donde una vez publicaron un poema suyo, en marzo de 2007, mientras Marlon y yo cocinábamos unas costeletas de cerdo.


Por cierto, era a Marlon a quien Edwin llamaba en el taxi. Cuando el flaco llegó, nos fuimos juntos los tres a darle nuestros respetos al maestro. Solo yo me quise acercar al féretro; a los otros dos no les vacila mucho la proximidad de la muerte, mucho menos de una muerte de alguien que aún podía haber producido tantos poemas más, y quizás consagrarlo internacionalmente, como ya estaba sucediendo, en España, con dos de sus poemarios, que fueron publicados allá, tanto así que hasta una necrológica salió en El País. Sin contar sus incursiones como guionista, director artístico y cuentista.


Pensé si habría algún narrador peruano contemporáneo que pueda también calificarse de esencial, mientras observaba a dos gamonales pavonearse delante de todos en el velorio, conversando con un tal Salcedo sobre caramelos verdes y mujeres ballenas, deslizándose a la salida luego de que una de las hijas llegara desde España a despedir a su padre, mientras confundía sus lágrimas con las de la segunda esposa del maestro, tan bella como la hija. Pero al ver ellos cámaras de televisión, aguantaron la rapidez de sus pasos, para dejar su testimonio para la pantalla chica. Edwin, que nunca quiere molestar, no quiso perturbar el sueño del maestro sino hasta casi el final, antes de irnos, se acercó y lo miró, creo que no le dijo nada, o al menos no vi que moviera los labios. Luego se acercó a nosotros, siempre como si quisiera pasar desapercibido.


Edwin y Marlon miraron unos momentos hacia donde descansaba el tío Wata y deciden que ya es hora de partir. La muerte es inapelable, incluso ante tanto amor. Dejamos a la hija y a la esposa que reciban el pésame de sus amigos cercanos, y nos vamos rumbo a la Salaverry, rumbo a la casa de Edwin, a conversar de cualquier cosa que haga la noche menos triste. Creo que Edwin nos invitó un yogurt.


Homenaje a 'Wata' guionista en este video.

jueves, 26 de abril de 2007

Adiós, maestro Watanabe.


Anoche, a las once y media, en el Neoplásicas, falleció el poeta José Watanabe.

Tomo el siguiente texto de la página de RPP:

"Falleció el poeta José Watanabe
jueves, 26 de abril , 2007 - 10:06:11

José Watanabe.
Tras una penosa enfermedad, el poeta José Watanabe Varas falleció a las 11 y 30 de anoche en el hospital de Neoplásicas, en la capital.
La muerte fue confirmada a RPP por la esposa del vate. Watanabe padecía de un cáncer a la garganta del cual se trataba en dicho nosocomio. Años atrás había sufrido un cáncer al pulmón del cual se trató en Alemania y salió bien librado.
Watanabe nació en Laredo, cerca de Trujillo, localidad que se ve reflejada en su antología El guardián del hielo (2000). Hijo de madre peruana y padre japonés, heredó de su progenitor su gran amor por la lectura y una vocación plástica que lo llevó a estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Trujillo.
Su primer poemario, Album de familia (1971), se convirtió en una de las apariciones más importantes de la generación del 70. Su segunda obra, El huso de la palabra (1989), fue elegido en una encuesta como el más importante de la década en Perú.
El poeta también destacó como guionista de Maruja en el infierno (1983) y La ciudad y los perros (1985), de Francisco Lombardi; Ojos de perro (1981) y Alias La Gringa (1991, con José María Salcedo), de Alberto Durandt; Anda, corre, vuela (1993), de Augusto Tamayo; y Reportaje a la muerte (1992), de Danny Gavidia."
Esta triste noticia me la comunicó mi amigo Edgar Cabrera Junco, quien trabaja en Perú.21. Con su desaparición, nuestras letras peruanas sufren una gran pérdida que no será fácil de llenar. Marlon, Edwin y yo fuimos a darle el úlltimo adiós a este gran poeta... un gran poeta que nunca manchó la poesía.
Colgaré este poema de José Watanabe que me gusta, pero antes, debo decir que el blog de Presencia Cutural tiene vídeos de él publicados (además de datos sobre el velatorio). Del You Tube me plancho este:
Que descanse en paz.
Y bueno, ahora...

La mantis religiosa

Mi mirada cansada retrocedió desde el bosque azulado por el sol
hasta la mantis religiosa que permanecía inmóvil a 50 cm de
mis ojos
Yo estaba tendido sobre las piedras calientes de la orilla del
Chanchamayo
y ella seguía allí, inclinada, las manos contritas,
confiando excesivamente en su imitación de ramita o palo seco.
Quise atraparla, demostrarle que un ojo siempre nos descubre,
pero se desintegró entre mis dedos como una fina y quebradiza
cáscara.



Una enciclopedia casual me explica ahora que yo había destruido
a un macho
vacío.
La enciclopedia refiere sin asombro que la historia fue así:
el macho, en su pequeña piedra, cantando y meneándose, llamando
hembra
y la hembra ya estaba aparecida a su lado,
acaso demasiado presta
y dispuesta.
Duradero es el coito de las mantis.
En el beso
ella desliza una larga lengua tubular hasta el estómago de él
y por la lengua le gotea una saliva cáustica, un ácido,
que va licuándole los órganos
y el tejido del más distante vericueto interno, mientras le hace gozo,
y mientras le hace gozo la lengua lo absorbe, repasando
la extrema gota de sustancia del pie o del seso, y el macho
se continúa así de la suprema esquizofrenia de la cópula
a la muerte
Y ya viéndolo cáscara, ella vuela, su lengua otra vez lengüita.
Las enciclopedias no conjeturan. Esta tampoco supone que última
palabra
queda fijada para siempre en la boca abierta y muerta
del macho.
Nosotros no debemos negar la posibilidad de una palabra
de agradecimiento.



De El huso de la palabra

(No sé cómo hacer para que se respeten los espacios del original, disculpen la
torpeza)

Foto: Perú.21