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domingo, 16 de enero de 2022

Sapos, lornas y otras especies

Sapos, lornas y otras especiesSapos, lornas y otras especies by Gustavo Rodríguez
My rating: 3 of 5 stars

Breve y ameno libro del escritor peruano Gustavo Rodríguez, que reúne en este volumen una serie de cuentos ligeros que nos narran distintos momentos de la vida de un joven trujillano que crece en un barrio de clase media y que se enfrenta a los tópicos de ser un adolescente peruano a finales en las últimas décadas del siglo pasado: lo vemos ansiar unas zapatillas de marca, fracasar de manera rotunda en sus intentos de conquistar una chica y algunos otros episodios de hilarante prosa salpicada de interesantes reflexiones sobre el hecho de crecer en una ciudad conservadora como Trujillo.

Son siete cuentos y un fragmento de la novela La risa de tu madre a modo de epílogo. «Por la ventanita» es el primer de estos relatos, que nos presenta al protagonista de todas estas breves historias y su fijación con tener un par de zapatillas de marca. «El baño» nos cuenta su vergüenza al utilizar el baño de la casa a la que había asistido a una fiesta. Este quizá es el más gracioso y fresco de todos los cuentos, solo eclipsado por el siguiente, «El anuario», que nos narra la desesperación de un adolescente por quitarse un infame granito de la frente. «La maqueta» es la historia de las diferencias sociales que se pueden encontrar en un colegio y puede que sea el relato más conmovedor y pausado. «Junta de vecinos »y «El oso en la cama» son quizá los más oscuros y absurdos cuentos de esta colección, pero que están escritos de manera muy ágil. Finalmente, «La última visita» es un cuento de un humor distinto de todos los anteriores.

Recomendable sobre todo para leerlo en una cola larga, como la de la tercera dosis. Buscaré más libros de este autor para la ocasión.

Por Christian Ávalos


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¿Qué tengo de malo?, de María José Caro

¿Qué tengo de malo?¿Qué tengo de malo? by María José Caro
My rating: 2 of 5 stars

María José Caro publicó este libro en el 2017 y un año después apareció su versión de bolsillo, que es la que yo leí. Este hecho me llama la atención por el hecho de que uno aprecia fácilmente que no hubo una revisión de erratas que pudiesen hacer lucir la edición de marras. Para algunos, es mezquino calificar un libro por las cuestiones formales que se detecten, y tal vez tengan razón. Sin embargo, aquí se advierten desde la primera página del primer capítulo. Entonces, en mi caso, me predispone a una sensación de que las páginas siguientes no estarán mejor.
Y no me equivocaba.
Pero, sacudiéndome un poco de esta predisposición, me concentré en la historia de Macarena y de Sergio, dos niños de clase acomodada con problemas de niños de clase acomodada que enfrentan el divorcio de sus padres de una manera que no nos causa la menor sorpresa. O quizá yo me esté equivocando, pero sus reacciones a los conflictos que sufren a veces están esbozados de una manera tan poco profunda que uno podría confundirla con la abulia.
Y tal vez este sea el mérito del libro: el retratar la abulia y la grisura con la que muchas personas enfrentan este tipo de problemas y los siguientes a la que la vida los enfrente.
¿Será que Macarena toma conciencia de este y, por ello, se pregunta que qué tiene de malo?

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sábado, 5 de abril de 2008

Fotocopia editores

Hace un par de noches a mi enamorada y a mí casi nos asaltan. Me pude percatar a tiempo de lo que pasaba y pude evitar "el siniestro". Evito comentar ese capítulo ahora, sobre todo si estamos tan bien como ahora, en la cola para ver una película. Me atraen dos de la cartelera: El asesinato de Jesse James… y La vida en rosa. En la cola del cine veo que hay un tipo de vende sus cuentos, por la módica suma de lo que ordene la voluntad del potencial lector. Son copias fotostáticas, de un texto procesado en Word. Me pareció extraño, de hecho, esto me ha sorprendido, pero no puedo decir si para bien o para mal.

S. quiere ir a leer estos textos, yo me doy cuenta que ya es imposible poder ver alguna de las películas que quería. S. propone entonces irnos, le dejé los cuentos antes de depositar en sus lindos labios un beso de despedida. La miro desde fuera y la despido por la ventanilla. Cuando la llamé unos minutos después me dice que los textos están llenos de errores. Algunos los había advertido ya.


Mientras, ya solo, esperaba el carro para mi casa, pensé en esto: Por un lado, hace poco vi a un tipo estirado, mocoso, aburrido (y al parecer posero) presentar una novela, presumiblemente igual que él. Algo contaba, pero no quise escucharlo: estaba haciendo Horacio con mis patas (chequeen la misma experiencia de esta presentación en esta interesante reflexión). La edición la había pagado su papá, y se sentía muy orgulloso de su hijo, o al menos fingía muy bien colgándose una sonrisa en el rostro. Papi le pagó el libro, así cualquier escribe. No sé si la novela sea buena o no. Por otro lado, un tal Manuel T. repartía sus cuentos en la cola del cine en San Miguel, esperando que el interesado le pueda dar a voluntad, yo le compré uno, a cincuenta. El patita me regaló dos más. Me quedé corto, debí ofrecerle más, por solidaridad al menos, en fin. Por lo visto, a él papi no le ha ayudado (y no me refiero a que haya pagado a la fotocopiadora por las reproducciones de su obra), él no ha tenido una presentación de su cuento, él se ha lanzado a la calle a ofrecerlo a la voluntad del que quiera leerlo. En la última hoja del fascículo aparece su teléfono de casa, para cualquier queja o comentario.


El tema de sus escritos era coyuntural, acerca de la inmigración masiva en los últimos años en el Perú. El novelista de la presentación quería hablar sobre el rigor mortis, creo. Los dos en su rollo, supongo que habrán creído hacer lo mejor. Sus público dirán si lo hicieron bien o no. Pero, ¿cuál de los dos tendrá una voluntad más fuerte para poder dedicarse a la tarea de ser escritor? ¿Manuel T. escribiría más y mejor si papi paga las ediciones? ¿El otro pensará en escribir si tuviera que "promocionar" un cuento suyo en la cola del UVK?


Pensaré en eso un rato más, mientras me gana el sueño.