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domingo, 16 de enero de 2022

¿Qué tengo de malo?, de María José Caro

¿Qué tengo de malo?¿Qué tengo de malo? by María José Caro
My rating: 2 of 5 stars

María José Caro publicó este libro en el 2017 y un año después apareció su versión de bolsillo, que es la que yo leí. Este hecho me llama la atención por el hecho de que uno aprecia fácilmente que no hubo una revisión de erratas que pudiesen hacer lucir la edición de marras. Para algunos, es mezquino calificar un libro por las cuestiones formales que se detecten, y tal vez tengan razón. Sin embargo, aquí se advierten desde la primera página del primer capítulo. Entonces, en mi caso, me predispone a una sensación de que las páginas siguientes no estarán mejor.
Y no me equivocaba.
Pero, sacudiéndome un poco de esta predisposición, me concentré en la historia de Macarena y de Sergio, dos niños de clase acomodada con problemas de niños de clase acomodada que enfrentan el divorcio de sus padres de una manera que no nos causa la menor sorpresa. O quizá yo me esté equivocando, pero sus reacciones a los conflictos que sufren a veces están esbozados de una manera tan poco profunda que uno podría confundirla con la abulia.
Y tal vez este sea el mérito del libro: el retratar la abulia y la grisura con la que muchas personas enfrentan este tipo de problemas y los siguientes a la que la vida los enfrente.
¿Será que Macarena toma conciencia de este y, por ello, se pregunta que qué tiene de malo?

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miércoles, 29 de diciembre de 2021

Diario: una novela

DiarioDiario by Chuck Palahniuk
My rating: 2 of 5 stars

Tal vez sea precipitado decirlo, pero el gran mérito y aporte de Chuck Palahniuk a la literatura actual es y sigue siendo El club de la lucha, una novela basilar en su carrera, un texto de culto que originó una película dirigida por David Finch que obtuvo mucha mayor popularidad que la novela que le dio origen.
Luego de eso, llegó a mis manos Diario: una novela (2003), la historia de Misty, una estudiante de arte que devino en mesera de un centro turístico que se ha convertido en una cárcel para ella porque su esposo, Peter Wilmot, miembro de la familia propietaria de dicho centro, está en coma por varios meses debido a un intento de suicidio.
Visto desde aquí, pareciera un argumento bastante simple y predecible, pero se trata de una ficción salida de la retorcida imaginación de Palahniuk, y por ello una vuelta de tuerca era previsible que aparecería tarde o temprano en el mapa. Y cuando aparece no creo que consiga el mismo efecto que obtiene en su opera prima. Las complicaciones por las que nos quiere llevar esta novela hacen de su lectura a veces confusa y otras veces simplemente un camino soso sin mayor mérito ni por la forma en la que está narrada ni en los hechos. Muchos cabos sueltos que no son respondidas de manera verosímil y que más parecen puestas para que la novela avance del asfixiante coma en la que ella misma se ha metido y nos ha metido.
Aunque es rescatable un personaje como Misty, con quien podemos empatizar e interiorizar en el conflicto que la agobia: tiene todas las expectativas de su vida frustradas y está atada a un matrimonio que la está terminando de hundir. Puedo entender su enojo, sus ganas de terminarlo todo, incluso el que vaya al hospital a ver a Peter, que cada día se deteriora más y es casi una momia entubada a un respirador. Ella es, como no podría ser de otra manera, una integrante de la generación X a la que se le prometió todo y no se le dio nada. Personajes así son siempre bienvenidos en las novelas cuando están bien desarrollados.


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miércoles, 2 de junio de 2010

Pastoral americana: ¿Y qué tiene de malo la vidad de los Levov?


Si esta pregunta pudiera ser reformulada sería: ¿Y qué tiene de malo querer ser feliz?, o más bien ¿acaso tiene algo de malo querer ser como los demás? ¿Ir a la misma escuela que los demás? ¿Jugar las mismas cosas que los demás? ¿Ser admitido y admirado como un igual, pese a estar renunciando a una tradición milenaria y mezclarse con los demás gentiles para conseguir la aprobación de la sociedad, siempre expectante? Algo por el estilo debió preguntarse Seymour el “Sueco” Levov, antes y, sobre todo, después de que su hija Mery pusiera una bomba en una humilde oficina de correos de Newark, NJ.

¿Qué pasó con los tiempos en que los chicos judíos solo se dedicaban a estudiar?, se pregunta a su vez Lou Levov, próspero fabricante de guantes de pieles, el abuelo de Mery, el conservador padre del Sueco y de Jerry Levov, compañero de estudios de Nathan Zuckerman (álter ego de Philip Roth), narrador de la primera parte de la novela ganadora del premio Pulitzer Pastoral americana (1997), la que nos lleva a la reciente historia de los Estados Unidos y los convulsionados años de la guerra de Vietnam y la caída de Richard Nixon.

Pero la historia empieza con un emocionado Nathan Zuckerman narrándonos su juventud en los años del instituto de Weequahic de Newark, en donde él sostiene una amistad con Jerry, el menor de los Levov, una familia judía, y conoce a Seymour Irving Levov, apodado el “Sueco”, el gran deportista. Jerry se nos presenta como un personaje huraño, antisocial, siempre envidioso de la suerte de su hermano Seymour, por lo que está resentido con él, por sus constantes hazañas deportivas, la que le valieron una creciente fama en el estado de Nueva Jersey.

Estando ya adultos, el Sueco encuentra a Nathan Zuckerman en un estadio, en un partido de fútbol americano. Para este, encontrar a su ídolo de juventud fue un gran acontecimiento. Diez años después, el Sueco cita a Zuckerman —quien es escritor—, para que este le ayude a escribir una necrológica sobre su padre Lou, muerto hace un tiempo. El encuentro, para Nathan, no solo resulta decepcionante y aburrido (por la conversación simplona del Sueco, quien se limitó a enumerar los logros de sus hijos en segundas nupcias), sino también extraño, pues en el fondo Zuckerman sospechaba que el Sueco trató de decir algo que al final no pudo. Meses después de esta conversación, Nathan se encuentra con Jerry, quien es ahora un cirujano plástico divorciado muchas veces, el que le cuenta que Seymour había muerto de cáncer días atrás.

Esta serie de sucesos es la introducción que nos prepara a enterrarnos, como un escalpelo, en el corazón mismo de una familia típicamente estadounidense y desmenuzar uno a uno todos los mitos del sueño americano.

Vemos no solo cómo el exaltado patriotismo de la época eclosiona en los constantes y violentos disturbios de las décadas de 1960 y 1970, sino también cómo estos erosionan la unión aparentemente feliz de una familia, la que ya venía carcomida por muchas otras cosas, frustraciones y rencores que desembocan en los actos terroristas de Mery, hija de Seymour (judío) y Mary Dawn Dwyer (gentil católica y primera esposa del Sueco).

La inicial rebelión de la hija contra la política de su país respecto a la guerra de Vietnam va mutando desde una disconformidad demostrada en las constantes peleas entre ella y sus padres y abuelo hasta largos periodos de ausencia de casa en extrañas compañías que Mery nunca presenta a su familia. ¿Qué aleja tanto a Mery de ellos? Además del odio hacia su madre (ex reina de belleza, finalista de Miss América), la eterna pasividad de su padre, enrostrada luego por el propio Jerry, quien, aprovechando la vulnerabilidad del Sueco luego del atentado por el que la policía empezó perseguir a Mery y por el que ella se hizo una fugitiva, le encara todo en uno de los clímax más altos de la novela: el Sueco nunca hizo nada aparte de lo que esperaban de él, siempre hacía “lo correcto”, siempre fue lo que los otros quería que fuera. Nunca fue él mismo.

Yo no había leído nada de Philip Roth, antes de esta novela, pero creo que empezar con este texto basilar de su narrativa ha sido un saludable comienzo. Creo que uno de los mayores logros del texto descansa en “lo vivencial” de sus líneas, como si él narrara las cosas desde dentro de la casa de los Levov, como él los conociera de toda la vida, o hubiera sido parte de ellos. Abundan los detalles que ambientan muy bien el tiempo en el que se nos narra la novela (un periodo aproximado de cincuenta años, sin contar el tiempo de la llegada de los primeros Levov a Estados Unidos; aquí la asociación con El Padrino, de Mario Puzo, es para mí inevitable) en el que se nos detalla la evolución de los personajes en paralelo a los acontecimientos que marcaron a las generaciones que comprende este periodo.

Asistimos, en resumen, al desencantamiento del Sueco Levov, a la demolición de su vida “típicamente americana”, que le fue prometida en su juventud. Decepciones, traiciones, infidelidades: penas acumuladas en su convencional espíritu. Demasiado para una persona acostumbrada a lo permitido, a lo estándar, a lo socialmente aceptado.


¿Qué sino impotencia pudo sentir Seymour en la cena del Día de Acción de Gracias (el día de la “pastoral americana”, en donde judíos y gentiles se reúnen en una mesa en una celebración que no responde a ningún credo, el único día del año en que todos hacen una tregua), rodeado de su mujer, falsos amigos y con el fantasma de una hija ausente (una terrorista jainita buscada por un crimen confeso)? Quizá la certeza de saber que no tenía respuesta a la pregunta de qué tenía de malo su vida.

jueves, 17 de enero de 2008

Si te animas...


... a leer la más reciente novela de Bryce (aunque sería válido también decirle la última, aunque nunca se sabe), quizás, como yo, que no soy un seguidor fiel de este escritor, veas a un Martín Romaña manoseado, avejentado y con los bordes ya desgastados de lo mucho que ha sido utilizado. La fórmula del personaje despistado, quizás a imitación de un Woody Allen local, atormentado por su vida que se le va escurriendo sin ningún control y enamorado de una mujer hermosa lejana, mucho más lejana cuando huye espantada, ya no surte más efecto.

La capacidad que un escritor debe tener para reinventarse constantemente creo que en Bryce no existió, al menos sus últimas novelas lo demuestran así. Por el contrario, un extraño giro han marcado sus últimas menciones en la prensa local, en ocasiones no exentas de escándalos y críticas lapidantes, tanto al escritor como a la persona.

¿Qué intentó hacer Bryce en este texto? Uno se pregutna esto desde que cae en cuenta que el personaje aludido en el título del libro prácticamente desaparece antes de que crucemos la página 100. ¿De qué obras infames nos habla Bryce?, ¿del destrozo del departamento de Bienvenido Salvador Buenaventura?, ¿o de cómo el calamitoso estado de este inmueble va calando en el muy decadente ex abogado de elite limeño? No queda claro debido a que la línea principal del argumento de este novela se centra en el alcoholismo que, como una maldición arcana, sufrieron todos los Buenaventura, incluido este, Bienvenido, a quien su fatal sino lo alcanza en Barcelona, luego de haber dejado su exitosa vida jurídica atrás, intentando darle un giro de 180 grados, donde, penosamente, cae en las manos de Marambio (ojo: no confundir con Pochi Marambio), quien hace el papel de percutor que lanza al "último de los Buenaventura" a los brazos de Baco. Esta enfermedad que atormenta a Bienvenido (nombre que, quizás, quiera hacer alguna alusión a "Bienvenido, Bob" de Juan Carlos Onetti, autor de quien usa el nombre de otro cuento para titular la segunda parte de la novela, cosa que además hace con un cuento de Ribeyro y otro de Cortázar) no es causada por Marambio. Tampoco lo causa el estado calamitoso en el que quedó el departamento, ya que este, al fin, pudo ser reconstruido.

Toda la novela es un modesto (por la extensión) intento por ilar una historia amena y divertida, sin embargo, por muchos puntos que yo no podría expresar con claridad, no hace de este libro sino uno prescindible.