Mostrando las entradas con la etiqueta Bolaño. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Bolaño. Mostrar todas las entradas
viernes, 10 de diciembre de 2010
El Reo en Perú.21
Aunque ya me han dicho que mi prosa es misia, igual, si pueden, dense una vueltecita por el blog Leer por Gusto, de Perú.21, donde me acaban de publicar un pequeño testimonio sobre Roberto Bolaño y Los detectives salvajes.
Etiquetas:
Bolaño,
confesión,
reo libre,
testimonio
martes, 18 de marzo de 2008
Roberto Salvaje
A veces me gustaría creer que por azares del destino un remoto tío tatarabuelo lejano fue a Chile y no a Perú y fundó ahí una familia, y que de esa familia, a mediados del siglo XX nació Roberto Bolaño Ávalos. Siempre juego con esa idea, y sonrío pensando en esa remota posibilidad.Roberto Bolaño es uno de los autores que más me gustan, desde que tuve noticias de él, curiosamente, luego de que ya había abandonado este valle de lágrimas, y tan solo por un panorámico vistazo de su bibliografía, de las cosas más conocidas. Sin embargo, al conocer más sobre su vida, me interesó mucho más internarme en los mitos y realidades del autor. Por eso algunos de mis queridos amigos empezaron a llamarme (con mucho de ironía, o cacha criolla) ‘bolañito’ (Sí, tú, Marlon).
Lo primero que leí completo de él (tras un affaire con Literatura nazi en América, Llamadas telefónicas y Putas asesinas) fue Estrella distante. Desde ahí no paré, y pasé por Entre paréntesis hasta llegar a Los detectives salvajes, novela que me pateó el cerebro y lo dejó regado sobre los azulejos de un bar abandonado. Esa novela me presentó una inacabable invitación a sumergirme en lo más recóndito de mí y escribir. Fue un impulso revitalizante. La primera parte de la novela es el diario de un joven de 17 años llamado Juan García Madero. En la primera página se puede leer lo siguiente:
“Tengo diecisiete años, me llamo Juan García Madero, estoy en el primer semestre
de la carrera de Derecho. […]. Seré abogado. Eso le dije a mi tío y a mi tía y
luego me encerré e mi habitación y lloré toda la noche”.
Ese párrafo bastó para atraparme en una vertiginosa lectura, que por culpa (otra vez esta tarada excusa) del trabajo tuve que prolongar por casi dos meses. En fin, ahora estoy enrumbado en las páginas 2666, inmensa novela que no termino aún de leer, y supongo que en este fin de semana santo que se acerca podré avanzar tranquilamente.
Y por qué me puse a hablar de Bolaño. Porque leyendo el interesante blog de Gustavo Faverón (valga la sobada) me topé con una interesante noticia, que me hace saltar como niño malcriado cuando ve en la tele el juguete soñado: un libro de ensayos sobre Bolaño, Bolaño salvaje, editado por el sello Candaya. No sé cuándo llegará al Perú, quizás ya haya llegado, pero viene con un DVD y tendrá muchos ensayos sobre este genial escritor chileno. Si hacen clic aquí, accederán a la note de Faverón.
Etiquetas:
Bolaño,
Bolaño Salvaje,
Candaya,
DVD,
ensayos,
Gustavo Faverón,
libro,
Los detectives salvajes
domingo, 21 de octubre de 2007
Letras criminales

Tarde del sábado. Leo el listín cinematográfico sentado en la misma silla donde estuve las últimas seis horas corrigiendo, bostezando, pensando en un mundo mejor. La secretaria se me acerca y me pregunta si ya me voy. Me está botando, pensé, y le dije que sí, que en unos minutos ya me iba. Como todo lo que quise ver de la cartelera ya lo había visto, cerré el periódico con decepción. Apagué las luces, firmé mi salida y me hundí en las calles de Breña.
Este es un buen momento para compartirlo con alguien, pensé –otra vez pensando– mientras recordaba que no tenía con quién compartir momento alguno. Encendí el mp4 y caminé hacia la Plaza de la Bandera, computándome Dolores O'Ryan, pues estaba escuchando "My imagination" de Cranberries.
Cuando ya iba doblando hacia la avenida Sucre, Kula Shaker me dio una idea: atrapar el sol en Plaza San Miguel, y de paso oler la dulce rosa (the sweet sweet rose). El sol brillaba, y daba algo de calor; muchos ya alucían prendas cortas mientras yo caminaba por la avenida Sucre y veía árboles grises desperezándose, flores sonriendo tristemente y más gente como hormigas desordenadas yendo en cualquier dirección. "El fantasma" de Árbol. Qué hermoso tema.
Seguí caminando por la avenida La Mar (ya con Calamaro, Páez y Les Rita Mitsouko) hasta que la Universitaria me hizo el pare. Plaza San Miguel a dos cuadras. Ese día me había salido de casa sin desayunar, aún no había almorzado y eran más de las tres de la tarde. ¿Era natural que sintiera algo de hambre, no? Entré a una cafetería "gelateria" de la Plaza. Llevaba conmigo Los detectives salvajes, aún no terminaba de leerla. Me senté y puse la música a todo volumen. El local estaba medio lleno, menos mal me tocó una buena mesa en donde esperé a que me atendieran. Una señorita se me acercó a entregarme la carta y agradecí al Cielo de no estar acompañado. Tranquilidad, joven padawan, me dije a mí mismo, esto no es más que el precio de la tranquilidad en Plaza San Miguel, lejos del bullicio de la gente en las calles, los cláxones, los cobradores de combi y las canciones taradas del Coney Park.
Pedí un jugo que costaba lo que en cualquier mercado costarían tres de esos jugos. No importa. Podía leer a Bolaño tranquilo.
Pasaron las horas y le daba un sorbito al jugo cada vez que doblaba una página. Como vi que el jugo avanzaba muy rápido empecé a darle un sorbito más pequeño cada seis páginas. El sol se fue, mucha gente también. Una familia de gorditos que casi termina con el arsenal de la cafetería también se fue. Para que pasaran nos levantamos como cuatro mesas. No se preocupe, señora, mi pie se va a recuperar. Más allá, una pareja que sehabía reconciliado también se fue, muy probablemente a un mejor lugar, unos amigos que no se encontraban desde hace años también, ellas aún muy bien conservadas y ellos, bueno... ellos no. Se acabó el jugo y se llevaron el vaso. Pedí la cuenta.
Llegué a ese incómodo instante en el que mi presencia dentro de la "gelateria" nada la justificaba. Esperé la cuenta pero todos los mozos andaban de una lado para otro atendiendo a las mesas, que a lo largo de las tres horas que estuve "bebiendo" ese jugo habían cambiado muchas veces de comensales. en la mesa de los gorditos ahora había un enternado incómodo con una mujer que iba con su hija. Hasta mi mesa llegó la palabra "reconocer", y preferí volver a encender el mp4, no quería enterarme de esos problemas ahora.
Dos años atrás había ido ahí con una amiga el día de mi cumpleaños. Tomamos unos helados y esperamos casi quince minutos a que nos trajeran la cuenta, por lo que nos levantamos y ella dijo que mejor nos fuéramos sin pagar. Me pareció una buena idea, pero ella solo bromeaba. Como ella invitaba, a mí me daba igual.
Pero esta vez estaba solo, era mi jugo surtido el que tenía que pagar pero la cuenta no llegaba a mi mesa. Dejé a un lado a Bolaño, pensé que podría hacer eso que hacía más de dos años no había hecho, pero me entraron los escrúpulos y me fui al baño. Estaba ocupado. La señorita que me atendió y que luego se llevó el vaso y que supuestamente me tenía que dar la cuenta me vio en otra mesa y me preguntó:
–¿Ya lo atendieron, señor? ¿Quiere que le traiga la carta?
Le sonreí y le dije que no importaba, que muchas gracias, que solo esperaba el baño para irme.
–Como diga, señor
Amiga, detesto que me digan señor, mi nombre es Christian, pero es un nombre muy idiota, de alguien que siempre es buena gente. Ahora me llamaré Beto, como es mi segundo nombre, que suena más malo, más villano.
El tipo que trataba de enamorar a su amiga de la mesa detrás de la mía salía del baño, el cual dejó oliendo a facultad de Derecho de San Marcos, o sea, a pura mierda. Ha de estar nervioso, pensé, quizás la flaca no le está atracando. Por suerte, había Glade y eché mucho, hasta casi marearme. Me lavé la cara y frente a la espejo vi un pendejo que me miraba. Que está mal lo que quieres hacer. No está mal, pensé. Esperé más de diez minutos a que me trajeran la cuenta. ¿Sería posible que estuviera mal? Bolaño, a lo largo de sus páginas me enseñó que nada estaría mal, que todo al menos serviría para escribir unas cuantas páginas que valgan la pena. Quizás no sean estas. Esto es solo un blog.
Sí soy capaz, como quizás sea capaz de peores cosas, o de cosas más osadas como robar libros de algunas librerías, porque robar un libro será un delito (una falta me dirá algún maldito penalista, "en puridad"), pero no un pecado. ¿Y robar un jugo? Me amparo en las obras de misericordia corporales: "Dar de beber al sediento". Yo tenía sed, ellos me dieron de beber. Además el casi nulo consumo de mi mesa no los llevará ni a la riqueza ni a la pobreza. Me amparo también de toda la plata que he derrochado en esa Plaza inútilmente. Justicia poética, pensé.
Salí del baño, me dirigí a la puerta. El guachimán me dijo: Gracias, regrese pronto. Cómo no, le dije, y salí a la avenida Universitaria.
Etiquetas:
Árbol,
Bolaño,
Calamaro,
caminanta,
Cranberries,
detectives salvajes,
dinero,
Fito Páez,
gelateria,
jugo,
Kula Shaker,
les Rita Mitsouko,
Lima,
obras de misericorida,
Plaza San Miguel,
sábado
lunes, 30 de abril de 2007
Estrella Distante
Algunas personas creen que admirar más la vida de un escritor que su propia obra es un defecto, o en todo caso, un potencial defecto cuando luego se va a valorar aquella producción literaria. En el caso de Bolaño (1953-2003), creo que esta afirmación se relativiza. Hasta cierto punto, Bolaño es un personaje de su propia obra. Y al conocer detalles de su vida, uno también puede ir descubriendo detalles de su obra.
La familia de Bolaño decide volver a Chile poco antes del golpe de estado de Pinochet. Quizás, este acontecimiento fue uno de los que más marcó su obra, que es recurrente en temas como fascismo, violencia, así también como Literatura, y vida de escritores marginales, de poetas perdidos, de estrellas distantes.
Y aquí está el punto de partida de la novela Estrella Distante, Anagrama, 1996 (aunque yo tengo la cuarta edición de Compactos, de julio de 2006), donde se habla de la violencia en Chile a partir de setiembre de 1973, la desaparición de muchos jóvenes militantes o simpatizantes del MIR, militantes de partidos de izquierda o simplemente simpatizantes del socialismo, y del poeta “aéreo” causante de muchas de estas desapariciones: Carlos Wieder, o Alberto Ruiz-Tagle, miembro de la Fuerza Aérea Chilena, hijo de inmigrantes alemanes, piloto que en su destartalado avión escribía poemas en el cielo de Concepción, "la capital del sur". La historia empieza, según nos lo cuenta el narrador, un miembro de los talleres de poesía a los que también acudía Ruiz-Tagle (Wieder). Éste se hizo pasar por un estudiante para poder llegar a muy altos grados de confianza con muchos de los muchachos izquierdistas, que luego él desaparecerá o ayudará a desaparecer. La presencia de Wieder entre ellos crea suspicacias sobre todo entre los hombres (se había ganado a todas las mujeres de su grupo). Y luego terror. Terror de no saber si ese rostro “amable” que te sonríe es el de un amigo o el de un asesino. Terror del que da cuenta Bibiano O’Ryan (alter ego de Bolaño) cuando el narrador cuenta lo que aquél le cuenta de la vez que fue a buscar a Ruiz-Tagle a su casa para invitarlo al cine.
Luego de las desapariciones, Wieder también desaparece del paisaje. Muchos lo creen muerto (sobre todo a raíz del incidente de la fiesta interrumpida por los militares), y mucho tiempo
después, el narrador se enfrasca en una búsqueda por encargo del rastro de Wieder hasta que dan con él en Europa.
El trato que Bolaño le da a esta delicada temática de la dictadura pinochetista y la violencia fascista con la que azotó al “país pasillo” es más bien sugerido que directo. Nunca se cuenta directamente que pasó esto o lo otro, siempre es por referencias de terceros o por conjeturas de los personajes. Sobre las Garmendia, y otros más que desaparecieron. Luego, ya se narra lo que una comisión investigadora va descubriendo cuando la dictadura ya había terminado y el narrador se encontraba viviendo en Europa. Esta novela corta, que viene de otra novela sobre el tema “La literatura nazi en América”, es la precursora de otras obras más voluminosas, las que luego consagraron a Bolaño y las que cimentaron el mito del escritor: “Los detectives Salvajes” (1998) y “2666” (obra póstuma, que Jorge Herralde decidió sacar en un solo volumen, contradiciendo la última voluntad del ya desaparecido Bolaño).
Es una novela que se lee ágilmente. Precursora del estilo fragmentado de Bolaño, en la que no se sigue un hilo narrativo continuo, si no más bien es un conjunto episódico que va a desembocar en un collage de instantáneas sobre el Chile de Pinochet.
Hace poco, en el You Tube, encontré esto, un documento preparado sobre esa oscura época en el país del sur, y que el autor lo bautizó con el título de esta novela, que no tiene mucho que ver con ella, pero igual me gustaría que lo vean.
La familia de Bolaño decide volver a Chile poco antes del golpe de estado de Pinochet. Quizás, este acontecimiento fue uno de los que más marcó su obra, que es recurrente en temas como fascismo, violencia, así también como Literatura, y vida de escritores marginales, de poetas perdidos, de estrellas distantes.
Y aquí está el punto de partida de la novela Estrella Distante, Anagrama, 1996 (aunque yo tengo la cuarta edición de Compactos, de julio de 2006), donde se habla de la violencia en Chile a partir de setiembre de 1973, la desaparición de muchos jóvenes militantes o simpatizantes del MIR, militantes de partidos de izquierda o simplemente simpatizantes del socialismo, y del poeta “aéreo” causante de muchas de estas desapariciones: Carlos Wieder, o Alberto Ruiz-Tagle, miembro de la Fuerza Aérea Chilena, hijo de inmigrantes alemanes, piloto que en su destartalado avión escribía poemas en el cielo de Concepción, "la capital del sur". La historia empieza, según nos lo cuenta el narrador, un miembro de los talleres de poesía a los que también acudía Ruiz-Tagle (Wieder). Éste se hizo pasar por un estudiante para poder llegar a muy altos grados de confianza con muchos de los muchachos izquierdistas, que luego él desaparecerá o ayudará a desaparecer. La presencia de Wieder entre ellos crea suspicacias sobre todo entre los hombres (se había ganado a todas las mujeres de su grupo). Y luego terror. Terror de no saber si ese rostro “amable” que te sonríe es el de un amigo o el de un asesino. Terror del que da cuenta Bibiano O’Ryan (alter ego de Bolaño) cuando el narrador cuenta lo que aquél le cuenta de la vez que fue a buscar a Ruiz-Tagle a su casa para invitarlo al cine.
Luego de las desapariciones, Wieder también desaparece del paisaje. Muchos lo creen muerto (sobre todo a raíz del incidente de la fiesta interrumpida por los militares), y mucho tiempo
después, el narrador se enfrasca en una búsqueda por encargo del rastro de Wieder hasta que dan con él en Europa.El trato que Bolaño le da a esta delicada temática de la dictadura pinochetista y la violencia fascista con la que azotó al “país pasillo” es más bien sugerido que directo. Nunca se cuenta directamente que pasó esto o lo otro, siempre es por referencias de terceros o por conjeturas de los personajes. Sobre las Garmendia, y otros más que desaparecieron. Luego, ya se narra lo que una comisión investigadora va descubriendo cuando la dictadura ya había terminado y el narrador se encontraba viviendo en Europa. Esta novela corta, que viene de otra novela sobre el tema “La literatura nazi en América”, es la precursora de otras obras más voluminosas, las que luego consagraron a Bolaño y las que cimentaron el mito del escritor: “Los detectives Salvajes” (1998) y “2666” (obra póstuma, que Jorge Herralde decidió sacar en un solo volumen, contradiciendo la última voluntad del ya desaparecido Bolaño).
Es una novela que se lee ágilmente. Precursora del estilo fragmentado de Bolaño, en la que no se sigue un hilo narrativo continuo, si no más bien es un conjunto episódico que va a desembocar en un collage de instantáneas sobre el Chile de Pinochet.
Hace poco, en el You Tube, encontré esto, un documento preparado sobre esa oscura época en el país del sur, y que el autor lo bautizó con el título de esta novela, que no tiene mucho que ver con ella, pero igual me gustaría que lo vean.
Fuente de la imagen: Fondos de Cultura - Chile
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
