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sábado, 16 de abril de 2011

Sábado



Sábado 16 de abril. Escribí unas cuantas líneas en un papel y aún estoy pensando en ellas. Dejé otra vez una novela a la mitad y no sé cómo continuar escribiéndola en el punto en el que he dejado. ¿Por qué me pasa esto?

Ahora entro al Blogger con los restos del café filtrándose en mi sangre y me topo con que anoche dejé un video de ABBA a medio cargar, y le he dado clic por inercia y es «Fernando», y ya no he tenido fuerzas para pararla, para que deje de sonar, y ¿recuerdas la espantosa y puta noche en el puto río Grande, Fernando? Esa noche que soñabas con la puta libertad.

Creo que vomitaré.

Menos mal que tenía cerca el celular y algunas canciones de The The,Interpol, Delphic, The Bravery y The Big Pink me han servido para olvidar ese desagradable momento. Creo que volveré a por Céline, para seguir (re)leyendo Viaje al centro de la noche.

La computadora debe descansar. Pero siento la necesidad de seguir escribiendo. Por fin tengo una idea clara de lo que debo hacer en semanas. Pues, a lo Varguitas, cogeré un lapicero y un bloc y escribiré.

Para quien lea esto, deséeme suerte.

domingo, 6 de febrero de 2011

Non-sense

Las razones por las que odio a los comunistas no son gratuitas. Hoy lo descubrí.

jueves, 27 de enero de 2011

Viernes por la madrugada (o un pequeño déjà vu)

Es casi la una de la mañana y no quiero ir a dormir. La calle está vacía, y los borrachines ya no asoman por aquí. Las malas lenguas dicen que tres de ellos han conseguido trabajo. Uno de los restantes recuperó su trabajo de estibador en el primer puerto del Perú. Los otros, qué harán, no sé. Algo que los dejara muertos a esta ahora, ya que ni han hecho un simulacro de aparición. Mi ventana luce tranquila. Sus vidrios ya no tiemblan con las carcajadas que hacían ladrar a los perros de toda la cuadra.

Un olor peregrino de marihuana viene con el viento viciado de las fábricas del otro lado del río. Una carcajada es ahogada por el pito de un guardia de seguridad. Un perro ladra, otro se lame sus partes y parece que ríe.

Tomo una foto que sale horrible con los dos megapíxeles que ofrece el celular, así que la borro y no intentaré tomar otra foto del parque.

Hoy el trabajo estuvo bien. Aunque debí decir ayer, y no hoy.

Ayer me enteré que ameritar es un americanismo que no proviene directamente del latín meritare. ¿Eso le importa a alguien? En fin, todos los días se aprende algo. La palabra merituar es incorrecta. Eviten su uso.

Mis mejores audífonos ya empezaron a fallar. No duraron ni medio año. Me permitiré una lisura por eso: "¡Mierda!".

El sueño, esa delicada carica, parece que esta noche la quiere pasar conmigo. Pero yo soy su compañero promiscuo, escritor abortado de un plan divino, marioneta de bajas pasiones y un corrector de los que siempre hay.

Tengo sed, y el cadáver, ay, siguió muriendo.

domingo, 2 de enero de 2011

Respirando música

Desde hace unas semanas la idea de crear un blog de música está tentándome. pero no tengo muy clara la forma en la que lo presentaré o de qué hablaré exactamente en él. Si comentaré canciones que a mí me gustan o si comentaré el disco en el cual aparecieron estas canciones. Por lo pronto, tengo que entregar algunos trabajos pendientes del año pasado. Y empezar a programar mi mes de enero.

viernes, 10 de diciembre de 2010

El Reo en Perú.21

Aunque ya me han dicho que mi prosa es misia, igual, si pueden, dense una vueltecita por el blog Leer por Gusto, de Perú.21, donde me acaban de publicar un pequeño testimonio sobre Roberto Bolaño y Los detectives salvajes.

martes, 24 de agosto de 2010

Abriendo los ojos a media mañana



La leía, pero tenía que concentrarme en otros detalles, como este libro que escribo por encargo. La luz naranja parpadeante no era lo único que me distraía, era también el chirriante sonido del micrófono del ropavejero que de seguro lo ha robado de algún teléfono público.

Me cuenta que es la mujer más feliz del mundo, que él estuvo aquí por casi tres semanas y ya voló de regreso a Europa, que han viajado, que han reído y paseado de la mano, chapando por aquí y por allá como dos adolescentes, como yo nunca pude imaginarme con ella porque supongo que el pedestal en el que la he colocado todo este tiempo me ha impedido imaginarme algo más con ella, algo más que tomarla de la mano por breves instantes un Viernes Santo, día en el que quizá dejé pasar la última oportunidad de ser feliz a su lado.

Y me he vuelto a preguntar… qué tantas otras veces me he venido frustrando y saboteándome a mí mismo por esta falta de confianza que me corroe. Lo pienso desde esta computadora, vieja, pero que me cumple aún fielmente, mientras ella de seguro está en algún punto de la ciudad con una taza de Ecco en la mano, leyendo El Comercio por la web, lo más probable en la sala de su casa y en su laptop viajera.

Si la amé alguna vez, no lo sé, pero cómo me hubiese gustado hacerlo, ofrecerle algo más que un trunco proyecto de novela que ella no sabe que existe (menos mal) y que me nació el día en que ella dijo que yo debía escribirle un poema, un poema que no sea como los demás, de esos que un chico tonto escribe cursimente a una chica impresionable. Y ahí descansa esa novela abortada, tímidamente mencionada en un post, dándome vuelta en la cabeza junto a su nombre, que desde que me lo sé no he podido desarraigarlo de un pasado que no es pasado, de una vida que no fue más que una posibilidad de promesa, porque así de gaseosas eran las cosas con ella. Porque la sensación de regresar a los cinco años cuando la veo no me ha dejado, porque cuando me habla tengo que recordarme que no debo mirarla con tanto detenimiento, ni los ojos detrás de sus gruesas gafas gastadas, ni sus labios de los que solo he tenido una pequeña muestra de afecto cada vez que me despedía de ella.

Así son las cosas, me digo, luego de darle otra vez clic en la pantalla a la lucecita naranja, luego de escribir una vez más un mecánico jajajaja, de letras danzantes. Luego de decirle que qué chévere, que qué bacán, que me alegro mucho por ti. Cosas que por supuesto son honestas, dichas tristemente de corazón pero ciertas, porque recuerdo también inevitablemente a personas que quisieron amarme o pude amar y alejé de mi vida. Errores que solo aumentan esta grieta en el pecho, errores que supongo que pesarán más con los años.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Sin título

1) Bien, he vuelto, no sé muy bien por qué, pero aquí estoy, en el proceso de desempolvar tantas cosas, entre ellas el blog, algunas cosas dejadas a medias en la carpeta Mis documentos y, claro está, mi propia vida, apolillada y abotagada, dejada entre el Listerine y el papel higiénico Suave doble hoja (con perritos que me indican dónde debo cortar).
2) Hace poco dejé de ver a la gente que me quería bien, y que me querrá bien siempre. Entre ellas a X. No sabes la que me ha dolido esa decisión. Sé que no estás leyendo estas líneas y supongo que así está bien. Como también supongo que supondrás que está bien que así haya sido. Solo el tiempo nos mostrará la veracidad de todo lo dicho y hecho.
3) Ya sin lágrima y moco. Tengo que agradecer a los que sin querer me han dado un pequeño impulso de seguir llenando el ciberespacio de estas quizá no tan inútiles palabras. Hace poco me encontré con un amigo en Plaza San Miguel. Y me increpó: «Ya no envías nada sobre tu blog». Casi le digo: «¿Lo leías?». Desde Santiago de Chile, un tacneño y jurídico amigo me dijo, casi como si me retara: «¿Por qué ya no escribes?». Y yo, hace un par de semanas, sentado corrigiendo unas pruebas del trabajo que tenía entonces, me pregunté en el reflejo del monitor de la PC que últimamente solo estaba prendido para que pudiera ver el título de la canción que estaba escuchando: «¿Qué coño haces y no escribes, hueveras?».
4) Dije «¡Nunca más!» y volví, en papel, en PC, en las paredes si es necesario, pero no debo dejar que el tiempo pase y siga en la inactividad delirante, de la que en otros tiempos creo que hasta me reía. Ya no es tiempo de reír de todo lo que me pasa.

viernes, 30 de octubre de 2009

Paréntesis

Cuando dije que compadecía su dolor, no mentía. Cuando dijo que se iría, sé que tampoco faltaba a la verdad. ¿Qué hace un amigo al ver que otro solo dice “déjenme”? Nunca he sido un ortodoxo de la moral, comportarme como uno en esas circunstancias hubiese sido más inmoral que cualquier otra opción.

Aunque, la verdad, de muy buena gana empecé con el cliché de siempre. El sí se puede, el no nos ganan, la cornejeada, la coelheada. ¿Por qué carajo creo que lo que no funciona conmigo podría sí funcionar con él? “Solo escríbeme y no llames porque no quiero hablar con nadie”. Creo que yo no lo podría haber dicho distinto. Con las mismas dosis de dolor en las mismas palabras. A veces sí es duro no poder hacer más para aliviar penas ajenas. Salud.

Hoy también lo compadecí. He caminado como un zombie por las calles, he rumiado sus mismas palabras que también hice mías y escribí un poema brutal y nefasto que quemé luego con el tabaco. Mientras intentaba concentrarme en la corrección de un texto. Fue cumpleaños de una amiga y casi la llamé al día siguiente. Esa conversación me sacó un poco del frío de la noche, en el teléfono público, y de la nostalgia por un tiempo futuro imposible. Aunque la sonrisa de Ella horas antes fue lo más importante.

Sí, sí, ya sé. Espero, en verdad, que estés leyendo esto, porque por eso lo escribo. Sé que no puedo comprender el dolor ajeno bien cuando yo no padezco del mismo mal, ¿no? Que la soledad de mi puerta es una inventada y que puedo, si quisiera, recrear una vida feliz y creerme mi propio cuento, ¿no? Sabes que sigo enfermo de lo mismo desde hace tiempo, lo sabes porque siempre te lo recuerdo, lo sabes por los nombres (sobre un todo uno abyecto) que se me escapan como un “buenos días” o un “por favor”. Digamos solamente que padecemos soledades distintas, pero no dejan de ser soledades. Primas hermanas de los mismos temas rumiados e indelebles; como la última herida, aunque la verdad espero que se te borre pronto.

Salud.

lunes, 19 de octubre de 2009

Verborrea indistinta, que no se diferencia de muchas de las cosas que suelo decir mientras me ducho en la vía pública

Indistintamente, como los codos que chocan unos con otros en la puerta del bus, falsamente agresivos, tontamente complacientes, sobrevivo contanto las gotas de sol al día. Pero a veces tengo la necesidad de no volver a estar en ninguna parte. Tornarme un átomo y buscar fisionarme con una molécula de cagada de perro. A ver si así me va mejor.
Entonces quizás las moscas sentirían compasión... o mejor aún, sentirían rabia e indignación, se frotarían las patas y me usarían para hacer una fogata... en plena estación de estío.

Dirían: "Tonta inclinación de los escritores y de los que quieren creer que son tales. Esta estúpida tendencia al malditismo farsante, que tanto cansa, ¿hasta cuándo tendrán fuerzas para sostener vidas insostenibles?"

Y callan. Vuelan lentas y torpes a morir sobre las ventanas mientras los demás envidiamos lo efímero y lo eterno, sin ser jamás ninguna de ellas. Ah pobre alma que te compadeces de ti misma, no sospechas siquiera que siempre deja de llover y que la nieve suele formar pequeños arroyos olvidados... No sé ni cómo soportas la vida de espaldas al sol.

martes, 13 de octubre de 2009

Epílogo soleado

Deportado de mi propia vida, dedico este último día de proceso editorial en el trabajo a rescatar del coma a mi semifiambre blog. Atrapado en estos muros, suelo no dejarle mucho tiempo a la imaginación, y aprovecho el tiempo para empacharme de ideas que se acumulan sin ser escritas: duermo ya mis ocho horas reglamentarias. Aún así, creo que tengo la vida sesgada, o más que eso, quebrada, echada a perder... Pero ¿por qué será? Fuera de quejas, y aunque la primera víctima sea este alicaído blog, mis mejores esfuerzos estarán dirigidos a sobrevivir con el gorro que yo mismo, muy orondo, me endilgué hace ya más de cuatro años: escritor. Además, claro, del que la vida, parece, me están poniendo, de taquito: editor. Vamos a ver qué sale. Supongo que volveré pronto por acá.

viernes, 2 de octubre de 2009

De pasadita...

Nada, simplemente pasaba por aquí, como si recordaran las manos que alguna vez digitaron un blog. Una nostalgia medio pasajera que se va cuando las diagramadoras traen los materiales para ser revisados. Por cierto, me dicen "profe". Apelativo que en otros tiempos me hubiese gustado, pero que ahora solo es un apelativo inmerecido, muy grande, altisonante cuando acomapaña a mi nombre.

Solo soy un editor, digo, como si eso fuera poco, y continúo con una labor silenciosa, que hago a toda bulla cada vez que pongo Placebo o Killers en la PC. Y se quejan, de mi música, que no es Yaipén's Broders ni Tony Rosado ni Toñito Cartagena. Es una música, supongo, alienizante. Me río, porque no tengo más opciones para evitar el dolor de cabeza.

Claro, ahora la cabeza se va despejando un poco y recuerda un poco: el monito en su canoa en forma de plátano, las últimas notas vilipendiadas por mis amigos, mi confesión disfrazada de un platónico imposible; todas las cosas que áun no leo, no veo, no escribo.

Sí, ya veo, más de tres años en el blog y no dije "pío" en abril, cuando se cumplieron los tres, que pronto serán cuatro. ¿Volveré a dejar que el blog, Chubaquita y todos mi demás proyectos naufraguen inexorablemente en esta vida que se me va grano a grano directamente a la tercera década?

Quiero que esto sea muestra de que no, y de que tengo vida, manos, teclas, tinta, papel, bytes para rato.

lunes, 4 de mayo de 2009

Si me sueltas entre tanto viento...

Segunda taza de café. Sospechas confirmadas. Necesito una intravenosa para dosificarme la cafeína, para que no se adueñe de mí, al menos no tan rápido. Punto de inflexión. Herido de muerte y aplaudiendo. Aislado. Adiós a las casas (de la familia). Pronto mi corazón dará un bote envuelto en su propia membrana, se sentirá prisionero y querrá salir por la boca. Lo comprendo, yo querría hacer los mismo.

El domingo fue su cumpleaños, pero ya no importa. Quien yo creía mi amigo me traiciona y no importa. Vuelo sin paracaídas, a la deriva, conversando con las nubes, suspensiones de agua condensada, dispuesta a reventar con furia. Y no importa. Ni la estrella polar importa. Ni la malta polar. Ni una casaca polar, aunque haga frío.

Un año exacto de vivir solo pero tampoco importa. Ni yo me acordé sino hasta cuando ya era el día dos. Tres años de blog, pero eso a quién le importa. A nadie. Ni a mí. Me estoy muriendo, y me estoy matando. Porque de eso se trata la vida: cómo te vas preparando para la muerte. ¿La vida perfecta? Mar, tinta y página. El pan cae de los árboles. O cae de las carteras muertas, pero cae, como el sol, el nuevo, como la canasta familiar, como las arcadas, pero estas en vez suben, no bajan, suben de lo más bajo, desesperadas quieren llevarse en su estampida al corazón que se ahoga, asqueado, también asqueado.

Ya no escribo. Y eso no está bien. La pregunta era correcta, pero el que preguntó no. En fin, qué pasó con toda esa historia del primer lustro del milenio. No lo sé. Dónde estoy, no lo sé. Por qué duele, no lo sé. Por qué ni la salvación importa, no lo sé. Ya no sé. Sólo me preparo para morir joven (nunca nadie entiende qué quiere decir esta expresión).

adiós, adiós... No hay imagen qué mostrar

martes, 25 de marzo de 2008

Martes por la madrugada


El dinero me ha llegado a cuentagotas y ya no hay ni para los puchos. Ayer encendí el último que veré en días, quizás en semanas. La difícil tarea de sobrevivir del ingenio y del aire ha comenzado, pero no me detengo: tengo mis manos que al menos me sirven para escribir... puta madre, mis manos no sirven de nada.

Pero qué le vamos a hacer, así es la vida, varón. Imaginaré que enciendo otro puchito aquí echado en la cama vacía en medio de un cuarto caótico, pensando en ella, que alimenta a un animal de cuatro patas. Ha llovido durante un corto tiempo y no hay nada que ver en el cielo. No tengo sueño, pero no quiero subir a la azotea a ver pasear las nubes porque estoy muy triste. Me pone triste no dormir. Quizás deba leer o deba escribir una novela, algo que me pueda justificar en el planeta de los simios.

Quisiera ser el terrorista de la palabra que siempre he querido ser, escribir algo con huevos, y tener los huevos para avanzar... Marlon hace poco me hizo recordar a Fontanarrosa. Quisiera hacer caso todo el día a ese llamado, pero mi corazón me impulsa a ser ave de la noche, no puedo, aunque quisiera estar de día escribiendo, padezco de un mal endémido: trabajo. El suero para esa enfermedad me lo dan por gotitas. Hoy recibí unas cuantas.

Me tengo que ir a dormir, pero una fuerza más potente me deja empernado sobre esta incómoda silla para escribir: eso es, christian, vete a la mierda, un rato, no tienes ni treinta y ya quieres dormir como un viejo de sesenta, no pues carahjo, déjate de huevadas, para qué sino es la juventud, olvídate de todos esos pajeros a los que sus papás les pagan todos, tú no tienes tal cosa y eso para escribir es como una bomba de hidrógeno que te hará explosionar siempre en medio de una catarsis de tecleadas salvajes en el viejo aparato de la casa.

Son las tres de la mañana, y en verdad necesito una ducha, hoy será recordado como el día que colgué cuatro posts para el blog, pero nadie más lo sabrá, no hasta que el novel escritor embrional se deje de mariconadas y dé el salto al papel, el salto que lo desahuevará de una puta vez por todas y dar la cara al mundo para recibir su dosis de barro con ventilador.

Olvídate de los estigmas, Christian: muchos ignoran que estudias Derecho, ¿por qué la palta?

lunes, 24 de marzo de 2008

Luto de mp4

La luz del lunes viene con Mozart, jugando entre puertas numeradas. Yo me quedaré sentado, viendo pasar el tiempo, hasta que sea hora de partir, no sé qué más podría hacer esta mañana. El mp4 no responde, está así hace días y me pone mal no poder sacarlo con mis audífonos a enfrentar a la ciudad.

Debería ser más fuerte. En Lima ese tipo de fortalezas a veces no cuentan, a veces sí. Es que... no es muy bonito escuchar la misma basura de todos los días, la imaginación te ofrece caminos de escape para no enfrentarte a esa bestia amorfa de la ciudad; la música ayudaba bastante para eso.

Ahora será un día común y silvestre. Mozart me sigue acompañando en la vieja radio de mi casa. No leí mucho de 2666 ayer. Aún tengo sueño, quisiera tomar un café.

Ya llegó el bus.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Reo Libre Unplugged II

Lima, la imposible, fue cayendo sobre mis hombros hasta depositarme en mi escritorio. Algo me faltaba, o quizás mucha bulla sobraba a mi alrededor. Cómo extrañé los audífonos y mi mp4 que ahora descansa sobre el escritorio de mi cuarto. Cómo extrañé la canción de Los secretos, Mi amiga mala suerte, cómo extrañé cualquier cosa que me haga sentir otra vez en Madrid, Barcelona, París, Londres, Manchester, Liverpool, o donde sea, incluidas Berlín, Viena y Moscú.

Por fortuna, pude estirar mi brazo y pedir una limosna musical a un amigo circunspecto que estaba cerca: Varón, yo te respeto. Luego de darme para un chaufa de dos soles me soltó el celular con radio que me hacía falta, antes que una infame compañera de trabajo pusiera alguna radio atroz como Oxígeno o La Eñe. Malditas sean.

Entre Telestéreo, Doble Nueve y Filarmonía, una guitarra de la Suite Española, op. 47 de Albéniz gue la que ganó la partida. Y la gente, hora y media más tarde de 102.7 empezó a pitear. Pero fue un respiro para mí. Ese es el problema de depender tanto de la música. Cuando ya a uno le falta una buena dosis por tantas horas seguida (de trabajo) a uno le empiezan a salir ronchas, al menos yo me siento un poco más oligofrénico, tanto como la sensación de no tocar un libro en días, lo que es tan o más triste aún.

[Sin título]

Despierto con la sensación de que alguien ya apretó el botón y moriremos todos carbonizados. La tetera silba haciendo que la voz de Raúl Vargas casi no se oiga. La radio-despertador ha seguido sonando desde las cinco, muy lejana, en el cuarto contiguo. Mi hermana está a punto de irse a trabajar.

No puedo explicarme esta sensación de vacío que me sienta sobre esta silla a escribirlo, con la certeza (que no sé de dónde llega) de que esta es una buena forma de conjurar ese mal. Antes de que el corazón cruja como hoja seca de otoño.Una de esas raras cosas que suelen pasar cuando a uno se le enfría el pecho.

Por cierto, ayer fue una noche algo calurosa.

Lástima que no soy poeta, porque toda esta sensación de orfandad podría haber conducido a algún lugar algo más concreto, pero no, no suelo dibujar palabras en el airey u olvidarlas regadas en un jardín de papel. A veces solamente las junto como un ramillete y s las regalo a la primera sonrisa que me visita.

En verdad, ya quiero que sea otoño.

lunes, 10 de marzo de 2008

Reo Libre Unplugged

La vida empieza ahí. Desde que amanece con alguna canción de los noventas para hacer la mañana placentera, bañarse con alguna barrocada de Mozart y creerse batallar con la taza de leche en la profunda batalla por la Madre Rusia en el Overture 1812 de Tchaikovsky. Ahí empieza la vida, mi batalla nihilista contra el pensamiento hiriente. El audífono que me saca de Lima y me lleva detrás de Magic Numbers, corriendo por praderas de nubes con Kula Shaker, huyendo del tráfico con Hard Fi.


Cualquier grupo, cualquier década: 1980, 1990, 2000: The Cure, Depeche Mode, Helicópteros, Soda Stereo, Fossil, Nirvana, Killers, Collective Soul, The Ocean Blue, The House of Love.


Pero siempre he tenido mala suerte con los audífonos. Si me han durado más de ocho meses es ya un milagro, pero el promedio es tres meses. Este último tres semanas. Así que para mi mala suerte, volveré a ser el peatón monse que camina rodeado de: Tacna, Tacna, todo Wilson, Trámites, amigo, Fotos, Llamada, llamada..., ¿Juegos, programas?, pasajes a la mano, esquina bajan, pie derecho, Grupo 5, IncaSat tu radio turbo poder.


Ya no Liverpool, Londres, Los Ángeles, Manchester o Buenos Aires, menos Viena o Moscú. Solamente Lima, sin audífonos, y con el libro que me endilgo para saber que aún puedo pensar. Lima de reencuentro. A ver si sale algo bueno. Total siempre queda la PC para una última dosis de Verdi.


Fuente de la foto: Mondotees.com

martes, 12 de febrero de 2008

Eyaculación mental


No hay mejor cosa para el buen morir que empezar el día con el hígado hirviendo. Es interesante sentir cómo esa sanguínea víscera va alterándote pacientemente la humor (él pacientemente, claro, porque tú estás que revientas). No hay más estimulante que eso para un gordito y bien cuidado cáncer al hígado o una saludable cirrosis “almighty”. Solo espero que estos sean rápidos y sin dolor. Y como ya todos saben, estoy pidiendo demasiado.

Para empezar salir tarde de casa por cosas que no tienen que ver contigo. Esta vez el echarle la culpa a alguien de ahí adentro es lo más ajustado a la verdad que se puede pedir. Y eso acarreó muchas otras cosas que no pude controlar, como que por ejemplo no sea solo uno el embotellamiento al cual me tuve que enfrentar (el ya clásico de la avenida Pizarro y Prolongación Tacna, ahí donde en vez de haber asfalto hay un cráter parecido a la del Anak Krakatau) sino tres más, todos hijos de la cola de ese cráter que parece ser la hondonada feliz de Martín Romaña, donde se copulan graciosas las antes mencionadas avenidas. Así que, si salí tarde de casa, lo más lógico es que no saliera nunca de ese cruce. O que saliera tarde, que fue lo que pasó. A las nueve de la mañana estaba cruzando el puente Santa Rosa.

No me quedó más que tomarme un taxi que me desplumó los últimos siete soles de reserva que tenía en el bolsillo. Ya no podré ir a ver Michael Clayton al cine, caballero nomás: Polvos corazón (bis, again, andere Seite, altra volta, otra vez). A la mierda. La vida en Lima es así, pero esto recién lo comprendo ocho horas después de lo ocurrido, ocho horas después de titánica irritación hepática, de insufrible compañía oligofrénica de algunos de la chamba, que simplemente no deberían existir. Así es la vida, pienso, mientras me juego el pellejo escribiendo esta columna, justo delante del administrador, que me tiene como Reyna a Maradona. No importa. Todos los días siempre hay algo que hacer y eso no me permite escribir con fluidez, ni siquiera cuando apunto mi nombre en la lista de asistencia. Esto es una catarsis, señores, déjenme o me dará un tsunami cerebral.

lunes, 4 de febrero de 2008

Hace un año


Recuerdo una noche que a veces me parece que no existió. Una noche con lluvia sobre un puente sin nombre en una calle que no existe sobre un río con un nombre que hasta ahora recuerdo, sin saber hacia dónde iba ni de dónde venía. Recuerdo una noche de lluvia, sentado sobre las piedras de un puente que atraviesa una ciudad que no conozco, una ciudad de Argentina, una ciudad veraniega de lagos, sierra y gente amable. Recuerdo una noche ya vieja sentado sobre La Cañada, mirando cómo el agua iba hacia el río Suquía, pensando y pensando por qué no me interesaba que esa lluvia, que aumentaba –¡y vaya que aumentaba!– el caudal del río, me mojara hasta mi alma. No me importaba. Muy pocas cosas habían de importar.

Hoy es domingo, aunque casi es lunes. Entre tres y cuatro de febrero escribo esto. Hace un año cargué una maleta más grande que yo hacia la frontera con Chile. Precisamente una noche como esta, hace un año, no me dejaron entrar a ese país. Fue la primera vez que pensé que todo ese viaje no resultaría, entre maletas, productos de contrabando, mamachas negociantes y choferes con axilas grasosas, mirando hacia la ventana, parado en el bus, viendo bailar lejanamente las luces de Arica, que se alejaban, viendo aterrizar perezosas las luces de Zofra Tacna, y luego la avenida Basadre. Esa noche, L6 no me dejará mentir, una parálisis absurda me impidió disfrutar con mis amigos de la vida nocturna de “la capital nacional de los nightclubs”. Mirando un punto muerto pensé y pensé en cómo llegaría a la Argentina, cómo con todas mis fuerzas lucharía por quedarme ahí, y luego, aunque sea en un contenedor de carne congelada, llegar hasta Barcelona, Lisboa, Marsella o Hamburgo, pero llegar.

Esa misma parálisis me impedía moverme sobre el río. No me creía la roca que la lluvia no moja. Era el hombre perdido que no sabía por qué luego de tanto esfuerzo, tenía que volver a su país con un peso muy grande en el pecho, pensando que todo esa tristeza fue producto de una fuerza vital inexistente en su corazón, de una dejadez blindada que lo hundió lenta pero seguramente en el fracaso. Aquella noche no dormí, pues veía cómo iba llenándose el río Suquía, sobre el puente Antártida, jugando con las luces que las gotas de la lluvia creaban sobre mis ojos.

Ahora me es imposible pensar en esa noche como una amarga. La vida ha seguido dando sus giros y creo que ya aprendí a rodar como una piedra más. Esa noche sobre el río Suquía está lejana ya, pero presente en mí como presente están todas esas lecciones que la vida te va dando, mejor dicho, apuntalando. Regresé y para bien. Lo dije antes, lo digo ahora: Las cosas pasan por algo.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Entremés

Con toda la tranquilidad del mundo este día empezó para mí a las diez de la mañana. Estoy mal de la garganta (me pica terriblemente) pero más tarde tengo que ir a ver a Soda (los veré volver).
Mi vida está colapsada. Eso no es novedad, el mejor reflejo de eso es que estoy escribiendo, y no quiero dejar de hacerlo. Alguna vez escribir significará algo más que matar demonios internos. Espero que no. Hoy no importa nada: es feriado.
¡Pero basta de quejas! He llegado hasta este punto y no pienso retroceder. Aunque me falta dar un respiro lejos de esta contaminada burbuja limeña, por lo pronto me queda el consuelo de que cuento con este día para hacer lo que quiera: leer, intentar escribir. Ordenar un poco el cuarto. Ordenarme un poco a mí. En fin, vamos a ver qué me sale el día de hoy. Ya noes estaremos viendo. Disfruten su vida.