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lunes, 21 de febrero de 2011

El concierto




Hoy regreso muy contento del cine. El concierto (Rusia/Francia, 2009) ha sido una película en la que su escena final, la que muestro ahora, es una auténtica revelación de la gran fuerza evocativa de la música.

Y no es que colgar esta escena tenga la desagradable intención de arruinar la película para quien no la haya visto. Simplemente, es por el placer de que escuchen un poco de este exquisito concierto para violín y orquesta.

Buena película, buen concierto. Grande Chaikovski.

sábado, 8 de enero de 2011

Los chicos han vuelto

The boys are back (Australia, Reino Unido, 2009) es la película de Scott Hicks que ha llegado por estos días a nuestras salas. La cinta, que se desarrolla en Australia, nos narra la vida de Joe Warr (Clive Owen), un exitoso periodista deportivo, luego de la pérdida de su esposa, la que fue víctima de un cáncer generalizado, y su lucha por sobrevivir con su pequeño hijo Artie (Nicholas McAnulty) sin la presencia de la esposa, quien sostenía e equilibrio del hogar. A la vida de ambos llega Harry (George MacKay), el hijo que Joe abandonó en Londres cuando este tenía solo seis años.
La película nos expone los problemas que tiene el personaje de Owen por establecer relaciones estables, y las dificultades que tiene para mantener responsablemente la disciplina en un hogar, el que lentamente se va hundiendo en la anarquía. Joe, trata de resolver el problema con la imagen de su esposa, la que lo acompaña en algunos momentos y con quien conversa y la que lo ayuda en momentos difíciles.
Pero este recurso no le durará para siempre y tiene que empezar a tomar las riendas de su vida, asumiendo por completo su rol de padre, el cual no solo se limita al cuidado del pequeño Artie, de ocho años, sino también al hecho de solucionar el resentimiento de su hijo adolescente, Harry, el que le reclama por la soledad que su padre le impuso a tan tierna edad.
La estructura clásica de película de final feliz hace de esta una película previsible y por momentos carente de interés. Hay un asomo de contraposición entre el gran padre que Joe juega a interpertar en Australia con el horrible padre que fue con Harry, al abandonarlo en Inglaterra, pero este conflicto no se desarrolla con precisión, como tampoco tienen mucha precisión las secuencias entre Joe y Katy, su esposa muerta.
A pesar de eso, es una película que se deja ver, por ratitos, como la secuencia inicial (envidié al niño por eso, aunque debo confesar que yo a su edad hubiese estado aterrado en su lugar), y muy propicia para los que no pueden dejar de buscarle la moraleja edificante a todo lo que ven.



Sin embargo, para quienes coleccionan bandas sonoras, esta tiene una nada despreciable con canciones de Sigur Ros, un buen grupo islandés. Esta es una del soundtrack.

domingo, 8 de agosto de 2010

Un día que me asomé al cine a ver... (500) Days of Summer


Un amigo me recomendó hace poco la comedia romántica (500) Days of summer (2009), de Marc Webb. Como sus sugerencias siempre han sido muy acertadas, la vi hace poco. Como el impacto de la película ha sido muy favorable, husmeé luego en IMDB sobre el soundtrack y me topé con que una de las mejores canciones de la banda sonora es del grupo australiano The Temper Trap, «Sweet Disposition», canción que llevó a la fama a este grupo y que está incluido en su álbum debut, Conditions (2009).



Para quienes hayan querido a una chica como Tom quiso a Summer, esta película será un duro recordatorio de aquellos días con esa persona que ya no está.



Como la película nos advierte, esta no es una historia de amor, ahí no se desenvolverá la madeja romántica, ni veremos un final en el que «chico que conoce chica» es feliz con ella para siempre. No. Esta no es una comedia tipo Tom Hanks-Meg Ryan.



Tom Hansen (Joseph Gordon-Levitt) conoce a Summer Finn (Zooey Deschanel) en la oficina donde él trabaja escribiendo tarjetas de felicitaciones y ella es la asistente del jefe. Ella es una chica que no cree en el amor y esas cosas y él, por el contrario, las cree. Por lo que su encuentro con ella -piensa Tom- es producto del destino, puesto que de todas los posibles desenlaces, precisamente él tenía que conocerla de esa forma: la chica perfecta con los mismo gustos freaks («las deprimentes canciones del pop británico», por ejemplo, canciones del grupo Smiths).

La película podría parecer un manual de cómo olvidar a alguien, pero ese tipo de manuales no existe. Simplemente es la narración de los 500 días en los que Tom no quería (o no podía) sacársela de la cabeza, ya que él tenía la certeza de que ella era la mujer de su vida. Y es por esto que él, luego de que ella sorpresivamente lo termina un día, se muele la cabeza a palos tratando de identificar y entender todos aquellos momentos en los que la maravillosa incógnita que tenía con ella empezó a irse al garete. Claro está que no lo consigue; por el contrario, empieza a darse cuenta de que las cosas en su vidas no andan bien, que tiene un trabajo que no le gusta y un futuro que él mismo se ha negado, por falta de fe en sí mismo.



Así que como no puede hacer lo que Henry Miller dijo debía hacerse para olvidar a un mujer, decide hacer algo semejante que al final decide su vida y el paso a la siguiente estación de ella.

Buena comedia, sobria, que no cae en recursos fáciles de gags tontos, en donde el uso del narrador en off nos va señalando los momentos trascendentales. Que nos delata además la crisis de las relaciones en el mundo actual, actitud que personifica Summer, pero que no es más que una falsa convicción que cae cuando descubre alguien con el que puede «etiquetarse» de algo. Buena además la banda sonora, que no solo tiene música de Temper Trap, sino también de Pixies, Regina Spector y Mumm-Ra. ¿Algún día llegará a nuestra cartelera?

viernes, 4 de diciembre de 2009

El cine, Lima y la felicidad

Hace poco conversaba con alguien sobre la búsqueda de la felicidad. Sobre los momentos en los que uno cree ser feliz. Bueno, Lima es una ciudad gris. Este color siempre ha estado asociado a cosas tristes, lúgubres, mortuorias, y, claro, al horrendo uniforme escolar que usábamos, por obra y gracia de una tal Graña. Lima siempre está gris, y como yo vivo aquí, no acostumbrarme a este color y superarlo, significaría resignarme a no ser feliz. Aquí los limeños tienen que ser felices a pesar del color gris.
Para colmo de males, yo soy una persona particularmente triste o infeliz. Lo escondo, claro, detrás de una mascarada de chistes fáciles en el corazón mismo de mi grupo de amigos. Mucho más si hay extraños cerca. Tengo que hacerme el gracioso para no sentir todo el tiempo que soy un real imbécil.
Pero tengo momentos de felicidad, y últimamente, además de la literatura —la que, por cierto, más que hacerme feliz, me hace alegremente miserable—, hay algo que me da una felicidad que se puede ver en mi rostro de satisfacción: el cine.
He estado de malas económicamente, lo que significó que estuviera alejado de las salas comerciales por un buen tiempo, pero para mi bien, porque la cartelera peruana está francamente mala. La última película que vi en esas salas, en cartelera “normal”, fue El silencio de Lorna [o El matrimonio de Lorna, para los ineptos que se ponen “originales” al momento de traducir los títulos de las películas; mi recomendación para ellos es que junten su platita para que, cuando ya tengan un buen monto, filmen su propia película, a la que le puedan poner el título que más les guste], de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne. Hace un par de años pasaron, también de ellos, L’enfant. Otra muy buena película que se proyectó casi con sala vacía.
Pero ha sido un gran respiro para mí la llegada de la segunda edición del festival de cine de Europa Oriental Al Este de Lima, organizado por K-china Films. Se proyectaron películas de Polonia, Hungría, Rumania, Austria, Eslovaquia y Rusia. Supongo que se debe a que la Embajada de Polonia era uno de los auspiciadores que hubo tres películas de este país en competencia.
Yo fui más ilusionado por ver la película rumana, porque ya estaba cansado de escuchar por aquí y por allá que el cine rumano es uno de los mejores del mundo en la actualidad. Y a pesar de que La boda del silencio (o Nunta Mută, 2008) fue una muy buena comedia trágica ambientada en la Rumania comunista de la década de 1950, creo que la película polaca Somnolencia (Senność) debe ganar merecidamente el premio de este festival. En general, todas las películas han sido muy buenas. Si tuviera que quedarme con tres, serían, en orden, Somnolencia (2008, de Magdalena Piekorz), Impor/export (2007, Ulrich Seidl, Austria) y Cargo 200 (2008, Aleksey Balabanov, Rusia). Aunque fueron buenas también Cuatro noches con Anna (2008), La boda del silencio y Delta (2008). Y sin hacerla más larga: uno de los pocos momentos de felicidad (además de la literatura) que he podido tener en la gris Lima ha sido el buen cine, Barranco, Miraflores y San Isidro (de este último no me vayan a preguntar por qué). Aunque esta semana que termina ha sido una de las más duras del año para mí, debo decir que el dolor de todo lo que pasó ahora se ha visto mitigado por el placer de haber llenado mis ojos con tan buenas películas. Todas las noches me he ido tranquilo a dormir.
Nueve días, contado la película de los Dardenne (que trataba sobre inmigrantes albaneses en Bélgica), nueve buenas películas que me han dado un poco de color en estos días lluviosos. No vi Amores ciegos (2008), porque no estaba dentro de un horario accesible para mí. Esa fue la única película en competencia que no pude ver.
Salgo de la sala, buenas noches.

viernes, 16 de octubre de 2009

Cuatro


Esto es grave y decepcionante. Para los que le tenían fe al cine peruano y para los que aún creen (creemos) en él, es necesario que empiecen a exigir calidad y denigrar abiertamente películas que merecen las más duras críticas. Espero que en ningún diario capitalino, que siempre tienen a bien sobar los bodrios que se hacen en el país, se atreva siquiera a decir que Cuatro es una película decente.

No, por favor. Es una película fofa e insostenible. Cuatro cortos, uno peor que el otro. Y claro, obra y gracia de un tal Pérez Garland. Que alguien le diga a ese sujeto que carece del todo de talento para el cine, que entre él y Leonidas Zegarra solo hay un aparato de producción que los diferencia. En talento cinematográfico están bien parejitos: cero.

Ya había demostrado su ineptitud con Un día sin sexo. En la que al menos hay un par de secuencias interesantes. Pero vuelve a insistir en este tipo de historias. ¿Qué se cree? ¿González Iñárritu? No le sale pues. La película es aburrídisima y tonta. Sin sentido ni nada.

Por favor, a quien lea este mensaje, no vaya ni recomiende a nadie que vea esa película. Que no merece el gasto. Y si pensabas tener una cita e ir al cine y ver esa pela, te pelas.

viernes, 17 de abril de 2009

En Brujas


En Lima, el título Unas vacaciones diferentes desmerece, y mucho, a la película que en inglés se titula, mucho más adecuadamente, In Bruges ("En Brujas", y eso a pesar de que al ver la película, el doblaje indica otra traducción del título: Escondidos en Brujas, también mucho más adecuado), del director aún cachorro Martin McDonagh (es su primer largometraje), quien ya era un dramaturgo reconocido y ganador de un Óscar por su corto Six Shooter. Unas vacaciones..., a simple vista, a quienes nos vemos bombardeados del cine hollywoodense, nos parece una tonta película más sobre un lugar anónimo (ya que la referencia a la ciudad, que es casi la protagonista de la película, desaparece) e irrelevante.

Las vacaciones no son tales: Ken (Brendan Gleeson) y Ray (Colin Farrell) están en Brujas por un terrible error cometido en uno de los trabajos que hacen para Harry (Ralph Fiennes), y están precisamente para esperar órdenes, hasta que estas llegan, pero no son las que ellos esperaban. Mientras, ellos tienen que dedicarse a distraerse en la medieval ciudad, que no es del agrado de Ray, a pesar de las distintas aventuras que ahí le pasan y a pesar de los pateranles consejos de Ken. El contraste entre la pareja estelar marca el ritmo de la película, haciéndola también un interesante ensayo de forzada convivencia de dos personal completamente distintas. Para esto, la selección de los actores fue muy acertada, ya que no solo fueron muy buenas interpretaciones, sino también sus contrastantes rasgos físicos favorecen a la agilidad de la película, que está bien narrada.

Y para eso colabora mucho la personalidad de la ciudad. Una ciudad "sacada de un cuento de hadas", que es del agrado tanto de Harry y de Ken, pero que no lo es de Ray, a pesar de la presencia de Chloe, la chica diller que conoce en circunstancias también muy cómicas.

Es una muy buena película, en la que el tono negro está muy bien trabajado, el humor racista, violento y xenofóbico. Pero sobre todo, el aspecto mágico, de paisajes surrealistas, que aparecen en el filme disfrazadas de una filmación de una película de enanos (el personaje de Prentice es un mate de risa). Disfrútenla rápido, porque es casi seguro que la sacan el jueves de las carteleras.

martes, 31 de marzo de 2009

Cuando no estoy durmiendo

Veo Milk en el cine, bebo un café y pienso: debería estar en casa, encerrado como un loco tras la computadora, escribiendo, ¿para qué? Escribir nomás, desarrollar esa inútil habilidad y perfeccionarla hasta que mis palabras ya no tengan ganas de salir de la boca sino de las manos, que salgan reposadas porque han andado mucho sobre mi corteza cerebral, la que recorrieron como si fuera la cáscara de una papa a la que dibujaron tantos puntos como ojos tenía hasta encontrarle un recorrido euleriano.

Pero creo que debería hablar mejor de Milk. Por dónde empiezo: por Gus van Sant. De él ya había visto una muy buena: Paranoid Park, en la que v. Sant me condujo lentamente en la horrible historia de un crimen oculto. Ahora, el ritmo de la película fue parecido, y esto con un propósito: conducir al espectador hacia la caída final del telón, en el que Milk es víctima de la locura de alguien que no supo comprender el propósito que a él lo llevó hasta el final.

De la actuación de Sean Penn, solo resta por decir que fue mucho mejor a lo que yo me esperaba, pues no solo fue muy convincente sino que también se ve en él un trabajo muy serio, un estudio del personaje que tenía que encarnar sin caer en la trampa fácil de la sobreactuación, jamás.

domingo, 8 de marzo de 2009

Historia de un naufragio (II)



Estoy viviendo solo. Para nadie que me conozca esta es una novedad (además, creo que a nadie más le importa sino al subnormal al que le pago por esta maltrecha “buhardilla”). Dentro de dos meses será un año. Y en este tiempo, de soledad reflexiva, onanista, existencial, avejentada por mis prematuras canas de sabiduría de fast food, he llegado a muchas “serias conclusiones” de mi vida. La primera de todas: este paso de vivir solo ha sido de mucha ayuda para no volverme loco en mi casa, en la que (si bien tenía cerca a mi familia, tenía comodidades y mi amada internet) no tenía el necesario espacio, y la afortunada sensación de querer sentirme solo cuando quisiera, para dedicarme con más ahínco a las actividades que a mí más me gustan: leer, escribir, rascarme, escuchar música a todo volumen y jugar en la PC).

He salido con quien he querido y he llegado con quien decidía llegar a mi buhardilla (ahora, un poco empequeñecida por la gran cantidad de cosas, muchas de ellas, inútiles, que me rodean y hacen el escenario diario de mis días en este gran ensayo que es la vida). He aprendido lo que es mantener un cuarto en un relativo orden (o en un fractálico caos en donde todo está calculadamente desordenado). He aprendido que en este mundo uno viaja solo, por mucho que pese a veces. Aunque extrañe los engreimientos de mi casa. Sobre todo, las comidas de mamá, sus mimos al llegar y todas esas cosas que me hacían arrastrar un cordón umbilical que pesaba como una cadena ben-huriana.

Vivo relativamente tranquilo. Pasé algunos apuros, pero ahora la cosa pinta bien. Bien por mí. Estoy llevando la fiesta con algo de paz y tranquilidad. Las olas siguen pasando y este islote no se hunde. Se mantiene precario y feliz. Sobre todo precario, o precariamente feliz. Bueno, entonces, no me queda más que naufragar. Como en el cine, en estos diez meses de curas y monjas, de vaqueros que se persiguen o que siguen por un fin inútil aunque cueste la vida, de skaters que ocultan terribles secretos, de gringas enamoradas en Barcelona, de locas españolas ganando inmerecidos premios, de dos “antiguos pasajeros” del Titanic cuarenta y tantos años después, de petroleros bigotudos sin corazón, de Willies Wonkas asesinos, de Malcovich, por aquí y por allá, del hundimiento y el levante de alguien que quizás merezca el Oscar que alguna vez ganó, y que tiene los labios más sensuales que mortal alguna haya mostrado en el ecran (salvo prueba en contrario), de perros destructores y perros superhéroes, de hoteles para canes (por favor, mátenme), de putos hermanos y de una hermosa Marisa Tomei (que junto a Julia Roberts y Scarlett Johanson son parte de mi trimurti personal). En fin, de tantas otras películas (guerras absurdamente tropicales, vergonzosas versiones de Verne, de guerras frías, de judíos en Holanda, de finlandeses solitarios, de rumanas abortando, de adaptaciones ceremoniosas de Fitzgerald, de chinos mañosos que se pasan la mitad de la película matando en dos acepciones distintas) que he tenido la oportunidad de ver y que no pude a tiempo comentar, y de las que quizás alguna vez diga algo, si es que logro ver ahora alguna pueda yo humildemente comentar (exceptuando Simplemente no te quiere, que simplemente es tonta).

jueves, 17 de abril de 2008

Lágrimas de cortesía

Hoy quise estar de estreno y estrené granito en la frente. Sheyla también, pero de eso no he venido a hablar. El producto que les vengo a ofrecer... perdón, cambiaré de floro.

Mejor, empecemos desde un inicio. Adán y Eva.

Ya... Ahora sí:

Sheyla y yo fuimos hoy (jueves) al cine, a ver cualquier cosa que yo ya haya decidido de antemano ver, je, je, je, qué autoritario. En verdad, quería ver con ella una película cuyo argumento me había atraído bastante: Posdata: Te amo.

Esta película trata sobre como una muy joven y atractiva viuda (Hillary Swank) va intentando salir de la profunda depresión en la que quedó luego de que su esposo Gerry (Gerard Butler) muriera tras una espantosa enfermedad. Y precisamente es ayudada por su esposo, quien antes de morir le dejó escritas unas cartas que serán como guías para ella para salir de aquel estado de soledad que la envolvía. Sin embargo, sacudirse de su recuerdo no sería muy fácil, mucho menos debido a las cartas, cuya razón no atinaba aún a comprender, pero que luego ella va con claridad, continuando así con su vida.

Bueno, el producto final de la película no era lo que yo esperaba; me habían atraído detalles del argumento que creí que tomarían una dirección distinta a la que tomó. Evidentemente, debí esperar una comedia romántica, que lo fue. Claro que con un tono original, pues al final el rehacer la vida de Holly (Swank) no era precisamente el que todo el mundo puede imaginar cuando se habla de ese tipo de problemas.

Aún así, creo que los actores estuvieron muy bien en sus papeles. De Butler podía esperar una buena performance, siempre, claro que sea una película con ambientes europeos, como Dear Frankie, por ejemplo. En donde él hizo un papel totalmente distinto, pero igual de entrañable. Más entrañable aún la mamá de Frankie, pregúntenle a Chris Wilton de Match Point. Mejor no. Scarlett, ¿por qué no estás aquí?

Perdón, empecé a disvariar: control zeta.

Igual es recomendable irla a ver de a dos, que es la única forma de disfrutarla de verdad, aseguro que la carcajada no faltará, y tampoco una que otra "basurita en el ojo". No se olviden de ir al baño antes: son dos horas de película.

jueves, 27 de marzo de 2008

10,000 A.C.






He visto tres películas de Emmerich en mi vida. En la primera un puñado de hombre luchan por la supervivencia, en la segunda… también un puñado de hombres luchan por sobrevivir, esto ya me parece un dejá vù, y no estoy hablando de la película, bueno en esta tercera… caramba, parece una idea interesante… oh… otro grupo de hombres lucha por la supervivencia. Entonces, en qué quedamos… ¿es la misma película ambientada en tres escenarios distintos? Bueno, las últimas dos se desarrollan en glaciaciones. En la primera, el enemigo eran unos extraterrestres bien malos, unas basuras, primos hermanos de los alienígenas de del Área 51, esos de Roswell, vecinitos de Nuevo México.


Pero, ¿qué pasa?, ¿quién es el enemigo en la segunda? El enemigo en la segunda es el frío. Pero antes de eso, el maldito del vicepresidente, y antes de eso cientos de años de contaminación. El enemigo se convierte en el enemigo mortal de todos, el exterminador por excelencia e implacable, que no deja títere con cabeza, o al menos lo deja bien heladito, de por vida. El Charles Bronson de la Tierra que llega para otros miles de años de venganza. Sin olvidar, claro a unos cuantos lobitos hambrientos que querían chifarse a vaquerito congelado, que se ha quedado viudo, ¿o viuda?

En la tercera el enemigo son hombres “que no parecen de este mundo”, que “vinieron de las estrellas”, con “demonios de cuatro patas”, y que construyen monumentos gigantes, en un momento histórico un poquito adelantado… digamos, unos seis mil años, más o menos, que tienen como jefe a un dizque todopoderoso que murió más rápido que cualquier otro recontra malo de cualquier otra película.



De las actuaciones, digamos que son malas, y con razón y con ganas, ya que el guión no daba para más.

Bueno, y… digamos que los efectos especiales han ido de mal en peor, desde la primera (Día de la independencia) a la segunda (El día después de mañana) a esta, la tercera: 10,000 A.C., que parece una versión medio picona de la mejor de lejos Apocalyto, de hecho, el inicio de ambas películas son muy parecidos, con la ventaja de verosimilitud de la primera porque está en náhuatl, o en una lengua maya, aunque a algunos no les haya gustado este detalle.

Aunque hay escenas muy buenas, visualmente hablando, como la de la caza de los mamuts, o la de la vista panorámica de las falsas pirámides. Es cierto que la ficción es distinta a la realidad, pero el título sugería al menos que habría un mínimo de esfuerzo para ambientar la película a la época a la que se alude, pero las actuaciones malas y lo predecible del libreto hicieron que la película sea solo por momentos un entretenimiento mediano, sin ánimos de trascender, como todo lo que he visto de Emmerich.

Para películas así, me quedo con La era del hielo, Manny era más verosímil, y también hablaba inglés.


Otras críticas:

Univisión On-Line

Cineralia

domingo, 23 de marzo de 2008

Lejos de ella


Nuestra cartelera ha vuelto a ponerse misia. Pero Lejos de ella (Away from here, Canadá, 2006) destaca por sí sola. La película nos cuenta la historia de un matrimonio longevo que entra en crisis cuando a Fiona (formidable Julie Christie) la ataca el mal de Alzheimer y empieza a perder progresivamente la memoria. Grant (Gordon Pinsent), su esposo, a pesar de que prefiere quedarse con ella en su cabaña, y pasar así los momentos de la enfermedad, que él (tercamente) confía que no se agudizará, cede ante las evidencias y lleva a su esposa a una casa de reposo, en donde una tonta regla arcaica de no permitir visitas durante el primer mes, empuja a Fiona, cuya enfermedad avanza sin piedad, a establecer vínculos afectivos con otro de los pacientes de la casa de reposo.

¿Qué hacer para no perder a la esposa? Grant se pregunta eso a cada instante, pero no puede luchar contra la enfermedad que ha avanzado tanto, lo que le obliga a cometer el sacrifio extremo, de dejar que su esposa vaya avanzando por ese camino nebuloso de la pérdida de la memoria, tan bien simbolizado con el color blanco de la nieve que rodea a casi toda la película.

Dada mi particular fibra romanticona, sucumbí de inmediato ante esta película. Además de que el guión (hecho a cuatro manos con Alice Munro, en cuyo relato The bear came over the mountain se basó la idea de este filme) está hecho como para que más que las palabras, las miradas y sus extravíos te digan lo que la actriz canadiense, Sarah Polley, ha querido plantear con este, uno de sus primeros trabajos como directora.

Vayan al cine y disfrútenla.

jueves, 6 de marzo de 2008

La guerra de Charlie Wilson

Los gringos, cuando se hacen un examen de autoconciencia, se ponen la mano al pecho, y dicen, bueno pues, sí, la cagamos en Vietnam, la cagamos en Irak y antes en Afganistán, y en tantos otros lugares.

Pero sobre todo en Afganistán, donde demostraron que les importa un pepino el país que utilizan para luchar contra sus enemigos, simplemente los utiliza y luego se olvidan de ellos, hasta incluso puede luego invadirlos con el rollo ese que marca nuestro siglo: la búsqueda de armas nucleares, matar villanos antidemócratas y lo demás, que ya es historia.

La CIA, claro está, es el aparato que consigue hacer de EE.UU. el metiche internacional más grande. Quizás el panadero de la esquina sea un agente... hay que tener cuidado.

En los ochenta, la Unión Soviética invadió Afganistán y los afganos lucharon, con el apoyo secreto que el representante de Texas, Charlie Wilson, logró para ellos, a puro pulso, dentro del Congreso gringo. Estos hechos son los que inspiran la película y hace de esta una interesante cinta que se puede ver sin remordimientos muy grandes, si es que uno tiene la suficiente correa para soportar a Tom Hanks una vez más. Muy bien, la posición de EE.UU. sobre el mundo (y su vecindario) no ha cambiado mucho, y el planeta quizás ha dado un par de vueltas luego de eso. Pero lo que sí no cambió en absoluto fue el Medio Oriente, cuyo problema será el mismo de siempre desde hace siglos. La película de Mike Nichols (el mismo director de Closer) trata de hacer una comedia light de ese tema, con algo de moraleja para que la píldora pase como el lúpulo de Brahma.

De hecho, yo la vi porque ya no había otra cosa más que me llamara la atención aquella semana en el cine y porque Julia Roberts a cualquier hora y en cualquier lugar. Aparte que quería saber por qué mi pata Caputo se había ganado si segunda nominación al Óscar. Si la vas a ir a ver, algo te entretendrá. No es la gran cagada, pero ahí tiene su gracia.

sábado, 23 de febrero de 2008

Sin lugar para quién, oiga


Sentirse viejo no es sinónimo de ser débil, creo yo. No en todos los casos. Una persona débil, generalmente, siempre fue débil. Incapaz de hacerle frente a un gran reto o un gran problema que amenzace con ensombrecerlo. Simplemente deja que todo pase y que algo lo pueda sacar del eclipse. el que ya es viejo, de cuerpo (y si quieren también de espíritu, ese no es el tema ahora) es alguien que por el paso del tiempo se ha debilitado 'fatalmente', 'irredemediablemente', porque el tiempo es cruel y no te deja lugar en una selva donde solo los que aún el tiempo los ha condenado al retiro.


El sheriff de No country for old men, efectivamente, no fue un hombre débil. En lo absoluto. Fue un hombre que, como lo dice al principio de la historia, desde muy joven estuvo dedicado a esa labor y que, luego de tanto tiempo ya las fuerzas poco a poco lo van dejando, pero que él (hombre fuerte, claro) se niega a dejar. Por eso, la traducción del título de esta película está totalmente injustificado, pues traiciona el espíritu de la película.


Es la primera que veo de los hermanos Coen, aunque tengo descansando en mi piratateca otros dos títulos de ellos, y no puedo haber salido más satisfecho de la sala del cine de ver una buena puesta en escena. Grande Bardem como el psicópata asesino que va de condado en condado matando con su moneda (al mejor estilo de Godínez de El chavo del 8 dando su examen), decidiendo con un pedazo de metal quién vivía y quién no.


La película no está desprovista de un sutil mensaje: el dinero fácil mata. Los negocios turbios andan plagados de psicópatas para quienes las drogas o el dinero son lo de menos, una circunstancial excusa para matar sin piedad a la gente que se atraviesa en el camino. la reflexion final también pertenece al sheriff que siente el disgusto de retirarse sin haber podido con Anton Chigurh, (a) Willy Wonka (cfr. la columna del Búho, en El Trome del día de ayer), que salió caminando, como a lo largo de todo el recuento de quien me pareció narró la historia (Tommy Lee Jones)


Estos días previos a aparecerme en la sala del cine leí y escuché muy buenos comentarios del trabajo de los Coen y particularmente de esta película, que además tiene un nada mezquina cuota de humor negro. Pues, para ser la primera que veo de ellos, no puedo sino estar de acuerdo con todos esos comentarios positivos. Ahora, creo que veré con más entusiasmo Fargo este fin de semana.

jueves, 14 de febrero de 2008

Un día que me asomé al cine a ver...

American Gangster

Frank Lucas representaba el progreso. El progreso de una raza que vivía aún marginada y estigmatizada por el origen de su emigración hacia ese vasto territorio hostil. Logró hacerse de un nombre y de un poder que hasta el momento era solo propiedad de otras mafias, ninguna de ellas lideradas por negros. Terminó con el statu quo de las mafias neoyorquinas, hasta casi hacerlas quebrar con la mejor heroína del mercado al precio más bajo. ¿Cómo lo consiguió? Aprovechando aviones militares estadounidenses provenientes de Vietnam para traer los cientos de kilos de heroína que él mismo compraba a los productores, eliminando al molestoso intermediario alterador y usurero de la mercadería. Con esto logró ser el traficante más poderoso que en Estados Unidos se conoció. Así ganó su fortuna, y el recelo de sus colegas, aunque trabajó con algunos de ellos.

Ese es el argumento de la película American Gangster (2007), así que es muy posible que no todo eso coincida plenamente con la versión real de los hechos. Ridley Scott (el mismo de El gladiador y de Blade Runner) nos muestra aquí una historia cruda narrada correctamente, como en este tipo de figuras suelen contarse las cosas: empezando por los orígenes como asistente de otro conocido hampón de Harlem, llamado Ellsworth “Bumpy” Jonson, y luego con el encumbramiento de su carrera criminal hasta la inevitable caída, gestada lenta y pacientemente por el detective de policía, Richi Roberts, detective conocido por el episodio de haber devuelto casi un millón de dólares que encontró en el auto abandonado de un contrabandista, hecho que lo hizo algo “impopular” entre sus compañeros.

Pese a esta señal de honradez, el detective Roberts es también un típico antihéroe, casi paranoico, parte integrante del bajo mundo en el que también se mueve Lucas, con el que hay cierto paralelismo. Mujeriego, infiel, padre de familia descuidado. Valores que, por cierto, no parecen caracterizar a Lucas, el que, por otro lado, parece ser muy devoto de su familia. Ambos son dos piezas de un mismo rompecabezas. Denzel Washington y Russell Crowe encarnan muy bien estos personajes, haciéndolos verosímiles en el juego del mafioso y el ‘justiciero’. Aunque en algunos momentos me parece que Washington se plancha algunos
“movimientos” de Michael Corleone. Buena película, en resumen.

Si quieren ver los cacharros de los originales, recomiendo que hagan clic aquije.

Cloverfield
Un poco decepcionado salí de ver esta película, de la que esperaba algo más que escenas semejantes al Proyecto de la Bruja de (Tony) Blair. El monstruo, claro es monstruoso. Y la forma como está contada la película es eficaz, verosímil (como un falso documental), pero la película se queda a medio camino de ser del todo creíble. O será quizás que ya no me creo ese tipo de películas. Lo bueno, los efectos y el soundtrack, jejeje, no, mentira.
The Bucket List

Es una película convencional sobre la amistad y el valor a la vida, que no se cansa de bombardearnos con ese lema de principio a fin, que nos obsequia a unos Nicholson y Freeman muy pegaditos a la plantilla que Hollywood les suele imponer a sus actores. No por eso deja de entretener esta película, que te arranca unas buenas carcajadas y que te deja con el saborcito de fábula, muy común en este tipo de películas.

lunes, 28 de enero de 2008

Pan y tulipanes


¿Y si te dieras cuenta de que a tu familia no le importas para nada, que tú puedes desaparecer, estar ausente por un tiempo indefinido y mandar cartas que nunca te contestan, ni se preocupan por lo que te falta o si comes o no, y si descubieras que a un grupo de simpáticos extraños les empiezas a caer bien y te involucras por un tiempo con ellos y llegas a ser parte de sus vidas, una parte a la que no están dispuestos a dejar? ¿qué harías?

Si quieres saber lo que Rosalba hizo cuando estuvo en ese dilema tienes que conseguirte la película Pan y tulipanes (Italia, 2000), una película que no sé si habrá llegado alguna vez a nuestra raquítica cartelera, pero que sí puedes encontrar en Polvos Azules, qué viva la piratería.

La película es coestelarizada con Bruno Ganz, a quien sí lo vimos haciendo de Hitler, en La caída (Der Untergang), hace unos tres años.

Bueno, este es el tráiler.

jueves, 24 de enero de 2008

Una novia errante

Inés camina hacia el bosque, va internándose sin saber qué pasó ni qué hacer... sin saber siquiera si hay alguna razón para que Miguel se haya quedado en el bus, y ella ahora camine sin él hacia unas románticas vacaciones a Mar de Las Pampas, completamente sola.

La tragicomedia de Inés es la misma que ha (hemos) tenido tanta gente que no sabe cómo reaccionar ante el asalto inesperado de la soledad, ante la aterradora visión de una foto romántico de dos, donde solo queda uno.

Ana Katz (1975) nos regala esta estampa (acaso autobiográfica) muy bien narrada con aire de íntimo miedo, de intimidad esquizofenia en su segundo largometraje. Una novia errante (2006) nos muestra los días "vacacionales" qie Inés pasa sin Miguel, un tipo indiferente a ella, que recibe todo tipo de quejas de parte de su pareja, como si la propia Inés de reflejara en él y le dijera lo que no tiene el valor de decírselo a ella misma: inconsistente, eso le dice ella a él, y luego, si él no muestra interés, se pregunta por qué no le interesa, y le cuelga, y le vuelve a llamar, y le cuelga, y lo vuelve a llamar. Si te sientes reflejado, no es tu culpa, ya somos dos.


El "fantasma" que cubre toda la película es: ya no es tiempo del amor, pues todo nos indica que Inés está en un tiempo que no es para ella. Una playa en época otoñal, un amor que ya no existe y muestras de afecto de una persona que no le interesa en absoluto. Y como si le diera la espalda a las personas que (para bien o para mal) ahí están con ella, su familia.

Si tienes tiempo para ir al CC de la PUCP, chequea el listín y verás cuando la proyectan. ALguna lección sacarás de lo que el amor es, y de lo que no es.

Dato curioso: Ana Katz y Daniel Hendler ya habían interpretado a una pareja, aunque en esa otra ocasión a una muy feliz pareja de recién casados. La película era Whisky (Uruguay, 2002).

viernes, 7 de diciembre de 2007

Un día que me asomé a ver... Ricordate di me


Y una de las pocas cosas que vale la pena ir a ver al cine es Ricordati di me. Ni pregunten cómo la vi, porque no lo voy a contar (tengo aún un pequeño pudor). El caso es que es recomendable y nada despreciable esta película del mismo director de L'ultimo bacio, Gabriele Muccino. De este mismo director hubo una película el año pasado en nuestras carteleras, protagonizada por Will Smith, "The Pursuit of Happyness", la que no vi, pero pronto quisiera ver.

Pero me quisiera detener en los puntos en común que existen entre L'ultimo bacio y Ricordati di me.

La primera historia versaba sobre el miedo a la madurez de unos jóvenes burgueses que van entrando a la treintena con muchas dudas en la cabeza, y deciden irse por el mundo en búsqueda de eso que no quieren que se les arrebate de las manos: la vitalidad. Y cada uno va viviendo una crisis: el matrimonio, la infidelidad, la muerte. Cosas que no estaban preparados para asumir en sus vidas que encontraban tan vacías.

Uno de ellos, Carlo (Stefano Accorsi), estando a punto de casarse con Giulia (Giovanna Mezzogiorno), su prometida, se enreda en una aventura con una jovencita de 18 años que lo hace otra vez sentir la vida que, por otro lado, parece que se le escapa. Él al final renuncia a echar su vida por la borda con esta jovencita, que no representa nada en ella, salvo un hermoso y apasionado desenfreno.

Cosa distinta pasa con el Carlo (Fabrizio Bentivoglio) y la Giulia (Laura Morante) de Ricordati di me, quienes conforman un matrimonio que ha vivido sin amor y en la rutina, siguiendo una historia de frustraciones adornadas de aparente felicidad familiar, felicidad que sucumbe cuando a la vida de Carlo vuelve un viejo amor de juventud, que lo hace (a diferencia del otro Carlo) recordar verdaderos momentos de felicidad y plenitud, cuando él, escritor frustrado, puede despercudir un poco esa novela inconclusa que, gracias a este impulso que Alessia, su ahora amante (Monica Belucci), le ha vuelto a dar a su vida, buscará terminar por fin.

Cómo se van tejiendo esta historia con la propia historia de las frustraciones y éxitos de la esposa Giulia y la hija Valeria (Nicoletta Romanoff), sin contar a Paolo (Silvio Muccino, a quien también puede verse en la película Manuale de amore), nos tiene muy presente que Gabriele Muccino es además el guionista de ambas (por cierto, qué mal que ambas parejas protagonistas sean homónimas). Las historias cambiaron de escenarios y de roles dentro de la película, pero en el fondo es la misma historia de búsqueda de felicidad en las vidas que las falsas comodidades nos han hecho creer que tenemos.

La película no es mala, llega a entretener muchísimo, y sobre todo podemos ver a la Belucci, aunque no haga un gran papel.
Una peleíta en L'ultimo bacio, tras descubrirse al tramposo...




Y en Ricordati di me, cuando al jugador de turno lo ampayan...


domingo, 12 de agosto de 2007

La gran chacota

Por alguna razón patriótica inexplicable he ido siempre al cine a ver las películas peruanas que se estrenaban. Lamentablemente, casi nunca he salido satisfecho de la sala, y otras veces ni siquiera me atrevía a pisarla, para evitar luego el mal sabor que suelen dejar las malas películas.

Al margen de que no haya visto algunos de los últimos estrenos (lo que me "obligará", contra mi voluntad, a ir a Polvos Azules a conseguírmelas), pensé que no debía pasar más tiempo sin ver La Gran Sangre. La noche previa a decidirme vi a Carlos "Machín" Alcántara en el programa de la "Chichi" Valenzuela hablando muy bien de la película, de los grandes efectos que tenía y del gran despliegue que se había hecho para filmarla. Caramba, esta película promete, pensé. Y al día siguiente fui sin dudar a la sala de cine más cercana a mi trabajo.

Con el debido respeto, pero la película que este viernes vi en el cine no es ni la tercera parte de lo que esperaba que fuera. Yo no sé con qué intención está hecha, no sé si pretendía ser una comedia, una película de acción o algún tipo de sketch de cómicos ambulantes. No soy ningún entendido en estas cosas de cine, sin embargo eso no me desacredita para dar mi opinión sobre las cosas que veo. Y lo que vi fue decepcionante. La historia, como ya se sabe es del trío de héroes justicieros que van a la caza de un narcotraficante mexicano que vino a vengar a su cachorro, muerto por La Gran Sangre. Hasta ahí, todo bien. Pero el abuso de la chacota, el mal trato de la tensión al narrar la historia, la falta de trabajo en la psicología de los personajes, los malos planos que tenía la película y el reemplazo de las escena que necesitaban de mayores efectos especiales por unos dibujos poco convincentes, además de los malos diálogos, hizo que esa película no fuera más que una aburrida decepción. Como entretenimiento, simplemente es un suplicio. La serie me gusta mucho, pero yo no voy al cine a ver un capítulo más de dos horas de duración. Yo no voy a ver cherris, no voy a ver chacotas vulgares, para eso la tele, no el cine. El cine no se mancha.

No estoy en contra de la producción nacional. Es más, cómo quisiera que se produzcan más películas y que haya más variedad de ellas en las salas comerciales, sin embargo, a uno le quitan las ganas de ir a ver las pocas que hay cuando se encuentra con bodrios como este en cartelera. Qué mal que desperdicien tanto talento como el de Pietro Sibille, que a mí me parece un buen actor, lo demostró en "Días de Santiago". Tampoco convencen mucho las demás actuaciones. Todo parecía una gran chacota de La Gran Sangre.

Qué pena. Ahora, ¿será mejor no tenerle tanta fe al próximo estreno nacional? Qué pena que la prensa nacional siga igual de miope y le diga tantas cosas buenas a Miyashiro y compañía, y no sea capaz de decir algo cierto: LA PELÍCULA ES MALA. No sirve (entiendan esto, por favor) decir "Bueno, pero es su primera película, hay que ver que los muchachos están haciendo mejores cosas, hay que equivocarse, el esfuerzo es lo que vale". No, no sirve. Alguien cuelgue en un medio web o publique una reseña en algún diario o en una revista que esa película es mala. No le revienten cohetes, no la agiganten injustamente. ¡Por favor, hasta cuándo no habrá buen cine! A veces, es bueno solamente ver Harry Potter (o Puerco Potter. Homero Simpson es la cagada).

Y mejor no digo nada del floro "ollantista" del Dragón.

Aquí el tráiler, esto y el openning son lo bueno de la película, pero eso no suficiente.

domingo, 10 de junio de 2007

Un día que me asomé al cine a ver...

El buen pastor

Película de Robert De Niro que quise ver en Argentina, donde había sido estrenada en marzo, y me quedé con ganas de verla. Por fin lo hice, más de dos meses después, en esta húmeda ciudad y, a pesar de contar con la presencia de Angelina Jolie y otros más como William Hurt (ambos ganadores del Oscar, claro que esto no quiere decir gran cosa), la película pasó, al menos para mí, en un ambiente demasiado denso, oscuro, gris y deliberadamente tenso y aburrido. Como espectador, me pareció que no podía aferrarme a nada en esta película. Todo, de un modo u otro, siempre terminaba siendo ambiguo. No tenía certeza de nada. Y al menos en algo uno debe tener certeza cuando ve una película, que fue larga y aburrida. La fui a ver, con mucha curiosidad, sobre todo porque me fascinan los temas tratados (II Guerra Mundial y la Guerra Fría), pero además de eso, de algunas buenas secuencias de tensión, no apareció más nada. Y ni siquiera vi calata a la Jolie. El mundo es muy injusto. La vida, De Niro y la CIA también.

Zodiaco

De este film sí no esperaba nada. Tengo el prejuicio de que si viene de Hollywood ya es posible dudar bastante de su calidad. Pero me pareció interesante poder ver a Robert Downey Jr. y al vaquerito Jack Twist. La actuación del primero me pareció más convincente que la del segundo, al cual, claro, hacer de boyscout grande le cae muy bien, pero no es lo que puede caerle bien a una película de suspenso, o al menos así la habían clasificado. La historia se me hizo una completa decepción. Creo que es mejor entrar a verla como quien va a ver una comedia, o una película ligera, porque, en verdad, no logra convencer del todo. Hay momentos en que sí parece existir cierta trama interesante. Pero, de ahí no pasa nada. Mil veces mejor fue Se7en, del mismo director, en donde la historia de un asesino en serie en verdad asusta. Este Zodiac, al que nunca atrapan, a lo largo de 25 años, así como la película, es poco interesante. Alguien dígale a los gringos que no todos sus asesinos en serie son interesantes. Ya déjense de recordar que a ustedes nadie los quiere. Excepto a Scarlett Johanson, a ti te idolatro, cariño.

Y ahora que veo los carteles... ¿por qué rayos vienen a los cines pósters tan horribles? Estos que estoy colgando están mucho mejor.

Las terceras partes

Sí, lo hice. Las vi. Spiderman 3 por interés propio y Piratas del Caribe 3 porque no quedaba nada más que ver. Al Hombre Araña siempre lo perdono porque es el Hombre Araña, el que me acompañó muchas veces cuando ya la abeja Maya se iba a descansar o cuando aún los Thundercats no llegaban al tercer planeta. Pero a la otra película simplemente la desprecié de principio a fin. Cómo seré de distraído que no me percaté que esta es un producto más de fucking Disney. Así es: me di cuenta solo cuando el hada de Peter Pan me salió al encuentro luego de que el Cineplanet me recordara que comprar piratería era malo. ¡Maldición, Johnny Depp! ¿Por qué tú? En fin, la primera de esa secuela sí fue interesante, la segunda ni la vi, esta tercera era una patada en los bowies. No sé por qué, pero pensé en Rammstein, en su canción Amerika, y me divirtió la idea de imaginar a Till Lindemann pateando a Geoffrey Rush por bajar desde Helfgott hasta Barbossa. ¡Robert Louis Stevenson, perdónalos porque no saben lo que hacen!

Wilbur se quiere suicidar

De lejos y sin duda, la mejor de todas estas antes enumeradas. Una película que mezcla muy bien la comedia con el drama y que tiene un excelente guión. Quizás sea una mera coincidencia, pero ese tipo de personajes marginales, de clases bajas, que viven apartados de grandes lujos, siempre los he visto en películas filmadas y ambientadas en Escocia (Transpotting, Dear Frankie, y ahora esta). Esta película, del año 2002, es de la misma directora danesa, Lone Scherfig, de «Italiano para principiantes», que nos muestra la historia de Wilbur, el que le da nombre al film (¿Quién diablos le puso «Cómo suicidarse sin morir en el intento» o «El suicida»? Si el título original estaba bien), un joven pesimista que está firmemente convencido de que tiene que matarse. Pese a los intentos del hermano de hacerle cambiar de parecer, haciéndole ver que la vida tiene un mejor lado, obviamente, el que un hombre puede encontrar en los brazos de una mujer, que al final sí llega a la vida de ambos y que, de seguro, no hubiese sido un problema conseguir para Wilbur, pues este tiene mucha suerte con ellas. Este suicida en ningún momento nos hace sentir lástima por su situación, no nos hace sufrir con sus intentos de eliminarse (salvo cuando estuvo en la bañera), sino que, por el contrario, nos divierte, con sus torpes intentos que siempre acaban con alguien que lo saca del aprieto. Al final, el suicida terminó siendo otro, el hermano mayor, que tras su facahada de optimista, ocultaba su frágil personalidad (parecida a la del hermano), su incapacidad de encarar situaciones difíciles y siempre esquivar la solución de sus propios problemas, pese a siempre estar pendiente de Wilbur, el que al final nunca se suicidó. En fin, personajes que me atrevo a llamar ribeyrianos, rodeados de una encantadora atmósfera de librería de viejo, contrastada con el frío escenario de un hospital, en donde también se desarrolla la película y que también es uno de los puntos de encuentro de todos los personajes, marcados de soledad, necesitados de afecto, y que en torno a esta historia llegan a divertidos desenlaces. Salvo el del hermano, pero que fue la necesidad de la película, para que Wilbur por fin viviera sin ganas de "irse antes de la fiesta". La recomiendo. También recomiendo el soundtrack.



Y porque la piratería es mala para quien no la usa.

Otra gran película, Miss Little Sunshine, la vi en DVD pirata. Te saco la lengua, Cineplanet, sobre todo a tu estúpida propaganda del "hijo inteligente". La comento así solapa, "piratamente". ¿Qué puedo decir? Me cagué de risa con esta película. Otro drama familiar, otra muerte, otros suicidas, otra historia muy distinta, otros vicios, otro desenlace, de aparente derrota, pero que en el fondo guarda un enorme significado. Esta también la recomiendo. Y su soundtrack también.