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domingo, 3 de febrero de 2019

Teatro en El Cinematógrafo

Foto: blog Viajes y Estilos de Vida
Más o menos en la época en la que inicié este blog fue la última vez que fui a El Cinematógrafo a ver Pulp Fiction por enésima vez. Han pasado casi doce años y tocó volver a ese mismo rincón de Barranco convertido ahora en el estudio teatro Yestoquelotro.

Ha sido una saludable una saludable forma de volver a construir recuerdos en este espacio, que significó tanto para tantos románticos y cinéfilos que todavía yerran por la tierra baldía en la que se ha convertido la ciudad. No se ha convertido en una iglesia, ni en una bodega mucho menos en una peluquería, sino en un espacio que aún se preocupa por promover la cultura en Lima, a la que tanta falta le hace más espacios así.

Como la misión que me llevó fue la periodística, no tuve tiempo para concentrarme en todas las faenas y películas que llegué a ver ahí. Ahora sentado aquí frente a esta máquina las recuerdo y sé que aún puedo contar con esos recuerdos en mi cabeza por un tiempo más. Los he desempolvado para que me sigan haciendo compañía.

El caso es que pueden revisar aquí mis reseñas de las dos obras que la noche del viernes vimos: Diálogo en privado y Lo que nos faltaba.

Reo Libre

viernes, 4 de diciembre de 2009

El cine, Lima y la felicidad

Hace poco conversaba con alguien sobre la búsqueda de la felicidad. Sobre los momentos en los que uno cree ser feliz. Bueno, Lima es una ciudad gris. Este color siempre ha estado asociado a cosas tristes, lúgubres, mortuorias, y, claro, al horrendo uniforme escolar que usábamos, por obra y gracia de una tal Graña. Lima siempre está gris, y como yo vivo aquí, no acostumbrarme a este color y superarlo, significaría resignarme a no ser feliz. Aquí los limeños tienen que ser felices a pesar del color gris.
Para colmo de males, yo soy una persona particularmente triste o infeliz. Lo escondo, claro, detrás de una mascarada de chistes fáciles en el corazón mismo de mi grupo de amigos. Mucho más si hay extraños cerca. Tengo que hacerme el gracioso para no sentir todo el tiempo que soy un real imbécil.
Pero tengo momentos de felicidad, y últimamente, además de la literatura —la que, por cierto, más que hacerme feliz, me hace alegremente miserable—, hay algo que me da una felicidad que se puede ver en mi rostro de satisfacción: el cine.
He estado de malas económicamente, lo que significó que estuviera alejado de las salas comerciales por un buen tiempo, pero para mi bien, porque la cartelera peruana está francamente mala. La última película que vi en esas salas, en cartelera “normal”, fue El silencio de Lorna [o El matrimonio de Lorna, para los ineptos que se ponen “originales” al momento de traducir los títulos de las películas; mi recomendación para ellos es que junten su platita para que, cuando ya tengan un buen monto, filmen su propia película, a la que le puedan poner el título que más les guste], de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne. Hace un par de años pasaron, también de ellos, L’enfant. Otra muy buena película que se proyectó casi con sala vacía.
Pero ha sido un gran respiro para mí la llegada de la segunda edición del festival de cine de Europa Oriental Al Este de Lima, organizado por K-china Films. Se proyectaron películas de Polonia, Hungría, Rumania, Austria, Eslovaquia y Rusia. Supongo que se debe a que la Embajada de Polonia era uno de los auspiciadores que hubo tres películas de este país en competencia.
Yo fui más ilusionado por ver la película rumana, porque ya estaba cansado de escuchar por aquí y por allá que el cine rumano es uno de los mejores del mundo en la actualidad. Y a pesar de que La boda del silencio (o Nunta Mută, 2008) fue una muy buena comedia trágica ambientada en la Rumania comunista de la década de 1950, creo que la película polaca Somnolencia (Senność) debe ganar merecidamente el premio de este festival. En general, todas las películas han sido muy buenas. Si tuviera que quedarme con tres, serían, en orden, Somnolencia (2008, de Magdalena Piekorz), Impor/export (2007, Ulrich Seidl, Austria) y Cargo 200 (2008, Aleksey Balabanov, Rusia). Aunque fueron buenas también Cuatro noches con Anna (2008), La boda del silencio y Delta (2008). Y sin hacerla más larga: uno de los pocos momentos de felicidad (además de la literatura) que he podido tener en la gris Lima ha sido el buen cine, Barranco, Miraflores y San Isidro (de este último no me vayan a preguntar por qué). Aunque esta semana que termina ha sido una de las más duras del año para mí, debo decir que el dolor de todo lo que pasó ahora se ha visto mitigado por el placer de haber llenado mis ojos con tan buenas películas. Todas las noches me he ido tranquilo a dormir.
Nueve días, contado la película de los Dardenne (que trataba sobre inmigrantes albaneses en Bélgica), nueve buenas películas que me han dado un poco de color en estos días lluviosos. No vi Amores ciegos (2008), porque no estaba dentro de un horario accesible para mí. Esa fue la única película en competencia que no pude ver.
Salgo de la sala, buenas noches.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Reo Libre Unpplugged: The Bakery


Hace un par de años un amigo me pasó las canciones del Fluorescent Adolescent, el single de los Arctic Monkeys que había salido ese 2007. Y aunque creo que la canción homónima "Fluorescent Adolescent" es la mejor canción de esa placa, "The Bakery" tiene cierto aire nostálgico y romántico que lo arrastra a uno a los momentos en los que uno se topa con una chica a la que no se atreve a hablarle por una timidez acezante y esta simplemente pasa de largo... "La historia de mi vida", pensarán algunos.



En la web da vueltas una versión acústica de esta canción. Hoy, precisamente, esta canción me viene muy bien, mientras reviso algunos detalles que tengo que ajustar en mi cabeza revuelta.

I wish you would have smiled in the bakery,
or sat on a tatty seattee,
at a mutual friends gathering,
And the more you keep on looking the more it's hard to take,
love we're in stale mate.
To never meet is surely where we're bound,
there's one in every town,
just there to grind you down.

I wish I would have seen you in the post office,
well maybe I did and I missed it,
too busy with the mind on clever lines.
Why not the rounders pitch or the canteen?
You're slacking love, where have you been?
you had to go and wait until tonight

...to give me the invite
don't worry its alright

I wish I would have seen you in the arcade,
sipping on a lemonade,
In a paper cup and chewing on the straw
And I wish I'd seen you in the bakery,
But if I'd seen you in the bakery,
You probably wouldn't have seen me.

Es cierto, probablemente, no me hubiera visto.

sábado, 19 de abril de 2008

Lonche en el parque


¿Sabes? Me parece recordar que era muy común que corriéramos a alguna panadería para comprar algunos panes y algún embutido telúrico y engañar al estómago con ese simulacro de lonche acompañado de algún líquido no transparente. Entiéndase por esto leche, jugo de naranja, yogur o cualquier otra cosa que baje sin macerar dentro de las tripas (es más: la leche te arranca hasta las tenias). Esa práctica tan difundida no la compartí yo con ningún compañero de universidad, o quizás con uno y otro. Más la compartí con los muchachos, sí, ya te los presenté a todos. Bueno, faltaría dos… pero no creo que los quieras conocer.

Pero todos ellos son de Letras, la casa adoptiva, el mar donde van a morir todos los ríos. Disculpa las frases huachafas. A veces no las puedo evitar. Con ellos conocí esta ceremonia, incompleta siempre que no hubiera un buen tema del cual charlar por horas, hasta agotar el litro de leche, el galón de jugo, hasta que hiciera frío o dieran las doce de la noche. Lo primero que llegara.

Pero ya desde hace mucho que no soy universitario, y veo muy nebuloso el camino como para volver a las viejas andadas. Y aun así volviera, ya no sería lo mismo, pues con nadie dentro de ese nido de ratas he creado camaradería como para darme los lujos de caminar sin destino o ir a tirarle piedras al mar cuando el sol asomara somnoliento debajo de la nube de contaminación. Volver a la universidad no será para mí ningún motivo de nostalgia. Por el contrario, será un motivo de permanente angustia.

Pese a que tomé la decisión de vivir cerca de la universidad para intentar economizar en pasajes. Aunque esa decisión también fue tomada porque estaba cerca de mi trabajo. Mas mi trabajo se muda otra vez al centro, y lo que gano en felicidad de volver a la infernal calle Azángaro, lo pierdo al saber que mi pasaje se incremente en un 100%. Gajes no del oficio, sino de la vida. Por favor, pásame ese pan árabe.

No importa, esas cosas se pueden superar. Se pueden superar fácilmente, sin ponerse muy sabrosos pensando en que uno dentro de poquísimos años ya bordeará los treinta y que ya no se es el mismo mocoso de hace ocho años. Por cierto, hace dos días que se cumplieron ocho años exactos de mi primer día de clases en la universidad. No, no soy un rezagado de mi clase, el monse que no patereó con los profes para aprobar. No. Soy el que pateó el tablero, mandó a la mierda esa carrera originaria de ese lugar y se fue a condenar su alma en aras de la literatura. A la que, me avergüenza confesarlo, le estoy fallando mucho. Invítame un poquito de chocolatada.

Volver es simplemente una jugada estratégica, y porque la vida a uno le enseña a tragar mucha basura sin masticar.

Sí pues, hace tiempo que no comparto más que unas cuantas palabras entrecortadas con los muchachos, y nada más. Y contigo sería lo mismo si no fuera por estas escapadas que de vez en cuando nos podemos dar, en el poco tiempo que a mí y a ti nos queda. No, no creo que sea una pena, simplemente es algo circunstancial. Lo realmente provechoso de todo esto es el tiempo que conversaremos de nosotros mismos, total, sobre eso se dice que se construye algo, por más que ahora tenga más ganas de destruir… sí, no me volvieron a pagar. Tengo serios motivos para no volver a poner un lugar fuera de mi cuarto. Sí, ese también es un motivo, pero hay otros más urgentes. Ya te dije, ese también es importante para mí, porque es algo muy especial que me comprometí a darte.

Lo importante de esta vez es que tú estás más atenta a los detalles que a mí se me escapan sobre todo por apatía. Sí pues, apatía de no querer vivir. No me mal interpretes… es algo que no quisiera explicar ahora. Es solo preocupación y tú lo sabes. Una de esas veces que me abstraigo y no veo, por ejemplo, un cartel de una habitación en Pando III donde se ofrece hasta baño propio, ¿puedes creerlo? Bueno, bueno, ¿quieres ir a verlo? Vamos pues.

lunes, 31 de marzo de 2008

Antes del supermercado

Siempre supe que el invierno sin ti sería más frío, la soledad menos interesante, pero no por eso menos hermosa. Ahora comprendo cosas que no sé si serán necesarias que las entienda ahora. De estar en tu casa extrañaré pocas cosas para mí. Quizás la que más extrañe será la de sentarme en una vieja perezosa sobre la azotea para observar cómo avanzaba el cielo, cómo se pintaban de colores las nubes, y cómo siempre volvían al eterno gris de Lima. ¿Te comenté que el cielo siempre ha sido gris, no? Quizás no lo sepas porque jamás he visto que hayas mirado al cielo o hayas querido pensar más allá de un dolor de espalda.

Ah, sí que arrecia el frío.

He cerrado la puerta e iré a pasar a ver si un poco de aire fresco me quita esta sensación de oxidación. No puedes abandonarte así, me dijeron, no puedes tirarte sobre la cama simplemente a querer que las cosas pasen. No seas cobarde, no seas huevón, no seas, no seas, no seas. Ya me cansé de no ser y también de ser. Estoy cerrado al público hasta nuevo aviso: salí a almorzar, regreso al a las cuatro de la tarde de cualquier otro día. Así que no se molesten en tocar la puerta. Caminar siempre me ha hecho bien.

* * *


La avenida está siendo reconstruida, mejorarán el malecón porque hacía más de treinta años que no había refacciones en él. Antes de que las hubiera muchos de los vecinos se habían quejado de los grandes huecos del asfalto y que la alameda se llenaba de fumones que daban mal aspecto al barrio. Sin mencionar los artistas locos que iban a calmar sus penas mirando el mar. Entre ellos ese que ha venido exageradamente abrigado, aquel que no deja de mirar hacia el mar, como si contara a las aves que vuelan sobre él, sobre las rocas que están al pie del acantilado. Dicen que la puesta del sol aquí siempre ha sido muy hermosa. Debe ser así. Lo que sí es verdad es que los fumones, como eran del barrio, no molestaban a los que vivían por aquí. Pero ahora todo está hecho un campo de golf y los tipos han tenido que mudarse, dicen que al pie del acantilado, el artista loco que siempre mira hacia el mar sonriendo pensando en Ribeyro y distorsionando su obra en su mente… “serían como la higuerilla”.

Piensa en alguien, cubierto así como está con ese viejo gabán, quizás busca rastros de un calor que ya no tendrá más. No ha dejado de fumar en toda la tarde. Ha mirado fijamente al mar. Está escarbando en su memoria, trayendo viejos recuerdos empolvados. Se nota, se nota desde aquí. Muy pocas veces se ha visto un rostro más lejano que ese, como si fuera un forastero en el mismo lugar de siempre, anclado en un tiempo distinto al suyo; su mirada se sigue el vaivén de las olas; las gaviotas han volado en círculos hasta que se fueron, con el sol.

* * *


Me he quedado dormida en el bus y he llegado hasta el mar. Eso no estaría tan malo de no ser porque soy demasiado nerviosa, y me delato de inmediato como nueva en un lugar. Cuando bajé asustada, di muchas pistas de que no tenía ni la más remota idea del lugar donde estaba. Repasé: sigo en la ciudad, en una zona que no conozco y muy cerca al mar, de hecho, estoy a su lado. Sé que sigo en la ciudad por los letreros de obras de la municipalidad. Por eso no me preocupo mucho. Ya es de noche y las luces naranjas hacen que la oscuridad contraste más con las superficies donde la luz refleja. Hay mucha gente en ese parque pero no debo parecer que no soy de aquí. Es extraña esta sensación de despertar y saber que está una perdida en medio de un lugar que no ha visto jamás. Pero si el bus que me sacaba de la casa de Pedro e iba hasta la mía pasa por aquí, de regreso debe pasar por los mismo lugares, así que será cuestión de esperar.

Muy discretamente miro el celular y veo que es ya casi las diez de la noche. Así que tendré que llamar a casa, pero no sé donde hay un teléfono cerca. Aquí en estos parques hay unos teléfonos públicos que no se ven muy bien. Si me acerco sabrán que ando más que perdida y si hay ladrones cerca me van a seguir hasta quitarme… qué traigo de valor, ah, sí: el celular. Caminaré como quien se va a ver el mar. El malecón no se ve muy bien, pero tendré que seguir por aquí…

Todo por ir a la casa de Pedro. Me he tomado muchas molestias por él, pero no he podido evitarlo. Daría lo que sea por un pucho… No he podido evitarlo. Está haciendo algo de frío, necesito encontrar un teléfono cerca, ya pasó, tengo que superar esto. Hay una persona ahí que está mirando hacia el mar, aunque hace ya un buen rato que no hay qué mirar. Quizás esté viendo como la luz de la luna se refleja sobre la superficie del agua.

–Disculpa…
–¿Ah…?
–Sí… perdona… me podrás decir dónde hay un teléfono cerca.
–Quizás ahí, mira.
–¿Ahí?
–Sí, esa es una bodega que también es locutorio.
–Ajá.
–Vas y ya, es el más seguro que hay.
–Ya… pero esos tipos de ahí… ¿no son peligrosos?
–¿Qué?, ¿ellos?
–Sí.
–Parecen, pero no te van a hacer nada.
–No creo que sean confiables.
–Ah…
–¿Te puedo pedir algo…?
–Ah…
–¿Qué?
–Nada… que me parece que me vas a pedir.
–Oye, sorry, no te quería molestar, es que tengo que llamar para avisar que llego tarde porque me quedado dormida en el carro y…
–Está bien.
–¿Perdón?
–Te acompaño.
–O.K. Gracias.
–Así que no eres de por acá.
–¿Cómo sabes?
–Tranquila… Acababas de decir que te habías quedado dormida.
–¿Y?
–Y supongo que en el bus con el que te pasaste hasta aquí.
–Ah, eres bastante rápido.
–¿Te parece?
–Digo, rápido con la mente.
–Ah… o sea…
–Que tienes agilidad mental.
–Ah ya…
–No quise…
–Despreocúpate.
–Sí, bueno, ya llegamos, gracias.
–¿Quieres que te espere aquí?
–No es necesario.
–Como digas…
–Aunque… Si voy a tener que pasar de nuevo por ahí…
–Entonces te espero.
–Oye, por cierto: soy Rosa.
–Hernán, mucho gusto.

jueves, 20 de marzo de 2008

Nach Russland mit Nostalgie (Для Джонатан Мендоса, с любовью)

En el colegio, muy de vez en cuando, solía sentarme con Jonathan a la hora de arte. Antes de que nos juntaran en un salón, en tercero de secundaria, poco o nada sabía de él; luego nos hicimos amigos.

No sé si instado por otros amigos míos, o por propia iniciativa, Jonathan hizo algo que no esperaba jamás de alguien, un gesto de amistad que, a pesar de la expresión adusta que tuvo en el rostro cuando me lo dijo, no se obtiene así nomás de ninguna persona. Ese año fue el último que lo compartí con él. Corría el mes de septiembre de 1999.

Tiempo después me enteré de algo extraordinario: Jonathan había ganado una beca para estudiar Medicina en Rusia, en la Universidad I. M. Sechenov, de Moscú. En el aeropuerto, cuando unos amigos más y yo lo despedimos, tenía una triste certeza de que jamás volvería a verlo. Quizás eso y mi creciente dejadez por mantener lazos de amistad con gente que realmente importaba hizo que yo, cuando él me escribía aún desde Moscú, contándome entusiasmadamente sobre cómo le estaba yendo en sus estudios de Biología (en ruso), de cómo se iba sacando la дерьмо para aprobar los cursos que solo se dictaban en ruso, idioma que aún no dominaba del todo, yo no contestara sus correos.

Ese silencio duró algunos años, dos para ser precisos, cuando (el mundo es muy chico) su tía, vecina mía, compañera también de colegio y vieja conocida, que estudiaba en la misma facultad que yo, me avisó que Jonathan estaba en Perú y estaba de vacaciones. Lo llamé pero él prefirió que no nos viéramos, ya que tenía poco tiempo. Creo que me lo tenía bien merecido: dejé que el tiempo pasara sin escribirle una sola слово. Cuando lo vi en Panorama me preocupé, no eran buenos tiempos para los peruanos allá en Rusia, había pasado poco tiempo desde que una
bailarina peruana había sido asesinada allá. Aún así no le volví a escribir.

Han pasado ya casi ocho años desde la última vez que lo vi, despidiéndo
se de su mamá, de su hermano, y de nosotros en el aeropuerto Jorge Chávez, más de cinco años desde la última vez que pude terminar un intento de escribirle una carta y desde que me choteó (merecidamente) por el teléfono y abrí un domingo (el 16 de marzo de este año) El Comercio y me doy con la amarga sorpresa de que las miopes autoridades de educación peruana podrían no aceptar el título de médico que mi recordado amigo traerá desde Moscú. Y eso me parece una дерьмо imperdonable. En buen limeño: Una MIERDA imperdonable.

Tenía noticias de que esto había pasado ya anteriores veces con gente que venía de posgrados en el extranjero y que eran rechazados aquí en el país por un absurdo trámite burocrático. Muchos de ellos trabajan ahora fuera del país, en lugares que sí aprecian el verdadero valor de la educación. Como Jonathan, que siempre tenía una pregunta, hasta de lo más graciosas. La injusticia con la que el país lo trata quizás ya no le importe mucho. Lo peor para mí es que creo que ese terrible presentimiento de la adolescencia se cumpla, y te seguiré debiendo el favor en Huaraz, Jonathan, seguiré preguntándome por qué a ti sí te salía pintar un lago y a mí ni mi más osado intento, seguiré diciendo que only no es el adjetivo alone.

Seguiré, porque no me queda al parecer más remedio, recordando la encerrona con Rafa, Gis y él, cuando participamos en un ridículo concurso de carteles en el concierto, que por cierto perdimos. Los cuatro con inclinaciones artísticas, jamás pudimos ponernos de acuerdo (del todo) para plasmar una idea en el cartón. Pero al final pudimos armar algo. Que qué es lo rescatable de esa tarde: la más preciosa conversación que jamás tuve en el colegio con los tres amigos que perdí, la única de nosotros cuatro juntos y sin nadie más para interrumpirnos. A ninguno de ellos veo ahora, y ninguno de ellos lee esta columna, lo que no es raro, para ser sinceros.

Rafa ahora es periodista; Gis, profesora de inglés; Jonathan, pronto médico graduado en Moscú, varado en esa hermosa ciudad, y yo… escribiendo esto, desde Lima, con amor.
Nota: El título está en alemán y ruso, a ver si mi amigo da con la nota.

viernes, 28 de septiembre de 2007

En tu lunar


Escribo esta nota escuchando una canción que por fin pudo desterrar de mi ranking personal la desesperante canción "El embrujo", de no sé quién, ni me interesa. ¿Qué por qué escuchaba esa canción?, grita indignado el corifeo que dirige al coro de mi tragicomedia personal. Cultura combi, pes señor, pensando pe, varón. Bueno, la cosa que la canción me impactó. Pero esta otra no se ha impuesto por la fuerza de un parlante de pollada, si no por la fuerza del recuerdo de otros tiempos, tan dolorosos y alegres como cualquier otro.

La canción: En tu lunar; el grupo: Malditos roedores. Las razones por las que gusta esa canción. Creo que la letra lo puede decir sola:


Como un relato inacabado
que se quedó sin tinta china en el pasado
soy un chiquillo sin aliento
una cometa a la que ya no le da el viento.

Y tú, empeñada en esconderte
y yo empeñando mi presente en encontrarte.

Si no me enredo en tu melena
se mezclan tiempo y pena
en mi reloj de arena.

Quizás no supe estar estando contigo.
Ser lo que querías no he sabido
Sentir algo sin ti no tiene sentido.
Levántame este castigo.

Quiero subir por tu espalda,
bajar al centro de tu ombligo.
Y pararé un ratito a descansar en tu lunar.
por el que pierdo la cabeza,
y besar tus labios de cereza.
Y pararé un ratito pa mirarte
y respirar... y suspirar.

(Ñol Solano, o sea, el solo de teclados)

Por no cuidarte a cada paso
hoy me paseo de
la mano del fracaso.

Y voy quedándome en los huesos
Sigo perdido sin el tacto de tus dedos.

Quizás no supe estar estando contigo.
Ser lo que querías no es amigo (sic)
Sentir algo sin ti no tiene sentido.
Levántame este castigo.

Quiero subir por tu espalda,
bajar al centro de tu ombligo.
Y pararé un ratito a descansar en tu lunar,
por el que pierdo la cabeza,
y besar tus labios de cereza.
Y pararé un ratito pa mirarte
y respirar... y suspirar.

Bueno, si se la pueden bajar (grita conmigo, Elton John: ¡Viva la piratería!) la disfrutarán, sobre todo los templados.

lunes, 6 de agosto de 2007

Ya son 25... Una autorreventada de "cuetes"

Señores: Reo Libre cumple el día de hoy 25 años de existencia, y no es que tenga muchas ganas de celebrarlo, pero a modo de "autohomenaje" quiere hacer un pequeño recuento de los acontecimientos más importantes de su vida año a año. O al menos de los más curiosos.

Aquí va entonces.

1982: echen paja

Evidentemente, nacer, qué otra cosa si no. El 6 de agosto, el último de cuatro hermanos. El último pujo, dijeron algunos. Que ni siquiera fue pujo. Mi mamá ya tenía más de nueve meses de gestación y yo aún no quería salir del vientre, de ahí viene mi afición por quedarme en cama durmiendo (o leyendo). El médico le dijo que yo ya tenía que dejarme de h... No, en verdad, el médico no le dijo eso, pero por poco. No estaba en posición y por eso a mi mamá le tuvieron que hacer una cesárea, así que abrieron a mamá como un melón para sacarme de mi letargo acuoso. Para mi mal.

1983: la primera fiesta

De esta fiesta... qué puedo recordar, no sean malos, cumplía recién uno. Pero de las fotos, puedo rescatar la imagen de Silvia, la chica que me cuidaba. Me tuvo impecable todo el tiempo. Pero claro, a mí nunca me gustó lo apolíneo, así que me entregué generoso a las manchas cumpleañeras. ¿Qué será de la vida de Silvia ahora? Ya debe tener unos 37 años.

1984: ay, madre, que me matas

Madre solo hay una, menos mal. En el viejo sofá de Paramonga estaba jugando yo, con algún juguete anónimo que torpemente dejé caer entre el parlante de madera del equipo y el sofa donde yo estaba. Como me estiré para sacarlo quedé suspendido de cabeza patas arriba. Mi madre y mi tía al verme fueron a mi auxilio, esto último es solo un decir. Mamá, en su desesperación, creyendo que me ayudaba, sacó el parlante... y fui a dar de cabeza al piso. Algunos atribuyen a ese golpe mi cara de lorna.

1985: y que sigan los dolores

Bueh, si mal no recuerdo, me quemé la pierna con el tubo de escape de la moto de mi papá. De mi grito si me acuerdo. Lo curioso es que todo que recuerdo, todo, me lleva a creer que fue en la pierna derecha. Sin embargo, la cicatriz está en izquierda. Misterios de la ciencia. Recuerdo también la reunión familiar en mi casa, por el matrimonio de mi tío Tito. Nunca vi tanta gente en la casa. Nunca antes había paseado tanto, con las primas y los pocos primos que tenía.

1986: el nido

Como a casa iban tres niños en primer grado de primaria (Beto, mi primo, Osbert, hijo de la chica que luego me cuidó y Gino, hijo de la señora Rosa, que cocianaba y limpiaba), pude ya leer perfectamente antes de cumplir lo 4 años. Así que en el nido era la estrella, casi el auxiliar, porque me leía todos los cuentos.

1987: primer lío con las monjas

Las monjas como siempre, nacieron muchas de ellas para joder. No me quisieron aceptar en su Inicial porque era muy chiquito. Aceptaban hasta los nacidos en junio de 1982. Maldita sea. Me rebelé y le dije a mi mamá que me quería ir a otro colegio. Creo que a la monja no le gustó que se lo dijera en su cara. ¿O sea que no tenía ninguna importancia que supiera leer? Ya chibolo, a tu Caperucita Roja nomás [Nota para los lectores: "Caperucita Roja" es el nombre de la escuela inicial del Estado en Paramonga].

La playa:

Y conocí el mar. Mamá dice que me llamó mucho la atención que la gente andara con poca ropa. Así que cuando me dijo que era para meterse al mar, yo le pedí que me sacara mi ropa para meterme. Dicen que casi no me alcanzan porque me iba corriendo hacia el gran Pacífico. Luego papá se encargó de enfermarme de susto al mar. Gracias, papá.

1988: ¿por qué todos están de negro?

Ya en Inicial, en el colegio de las monjas, en el mes de abril, mi madrina de bautizo fallece. El velorio fue en mi casa y era la primera vez que veía un muerto. Poco a poco fui aprendiendo lo que era la muerte

1989: ¿no les digo?

Mamá Ofelia, mi abuela, la única que conocí, pues los demás fallecieron antes de 1982, muere a los 74 años de edad. Ya estaba en primer grado de primaria.

1990: ¿Por qué, Diego?

Mi equipo favorito, Argentina, no llegó a campeonar en el mundial. Llora Diego, yo lloro con vos.

1991: esta enfermedad la padezco de hace tiempo

La chica que me gustaba desde Inicial, el ángel que alumbraba mis recreos (con mi lonchera de los Thundercats) volvió al colegio de monjas luego de un largo año de no verla en el segundo de primaria. Ay, mi corazón, cómo palpitaba por ella. Tenían que verla. Uno no podía estar indiferentes ante su belleza.

1992: mi primera comunión

Ruptura familiar, ambiente de tensión, terrorismo en Paramonga y mis hermanos no se hablaban. Así recibí el cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo en noviembre.

1993: el encuentro de mimos

Para ese entonces, ya me gustaba el teatro y soñaba con pertenecer al grupo de mi colegio. En los juegos florales de ese año llegamos a la final de mimos y mi contrincante fue Rafa. Perdí, el grupo de Rafa tuvo suerte. Ja, ja. No, fue mejor, lo admito. Rafa, ya anticlerical, mató a un cura de un ataque al corazón en su puesta en escena. Pero pasó la censura monástica. No sería la última vez que nos enfertaríamos a ella.

1994: Arte Joven, por fin

La primera actuación para el grupo del colegio. A ese grupo le debo haber dejado de ser un chuncho absoluto y pasar a ser uno relativo. Era la primera vez que me disfrazaba de león, y no sería la última. Eso y el viaje a Trujillo fueron las mejores cosas que pasaron, aunque a la tutora del sexto grado de primaria ya la detestaba por completo. Donde quieras que estés, Alicia, ya sabes cómo te odiaba.

1995: secundaria, más respeto, chibolo

Pasé orgullosamente al grupo de lornas del colegio, al grupo de los que siempre son señalados como "nerds". Este y el siguiente año fueron terribles. Sin embargo, como para compensar, el hielo que cubrió a la familia, se disolvió, como suelen disolverse este tipo de hielos: con el nacimiento de un niño. Este año nació Eduardo, la razón por la que los hermanos volvieron a hablarse. Claro que perdí la atención de todos en la casa, pero no importa.

1996: yo no fui

El año de las conversaciones interminables por teléfono. La cuenta del teléfono llegó a la frivolera cifra de 800 soles. Lo usual para un adolescente.

1997: abril 13

Una especial noche, un domingo, en mi casa, no fui a misa... y no me arrepiento.

1998: contigo en la playa

El romance veraniego más bonito del primer cuarto de siglo. Luego, el colegio se encargaría de borrar las huellas, ayudado por una mujer que me tuvo idiota desde 1995. Pero tampoco me olvido del 7 de noviembre, por si lees estas, líneas, querida.

1999: ¡Mierda!

Ese era el grito de batalla que el grupo de Arte Joven elevaba antes de salir a escena. Ese año, fueron los últimos mierdas que pronuncié. Y bueno, el viaje a Huaraz. De ese viaje, quisiera recordar poco.

2000: San Marcos

Lejos de toda la gente del cole, me enfrenté a la gran capital (ya lo conozco la capetal, añañañaña) e ingresé a Derecho. Hubiese tenido los huevos para meterme a Literatura. Alguien lapídeme. En esa facu...

2001: los muchachos

Como empecé a trabajar en la Biblioteca Central de San Marcos, conocí ahí a Edgar y Marlon. Grandes amigos, que pese a la separación de cuatro años, pudimos retomar la amistad que hasta ahora me brindan. Gracias por el vino, muchachos.

2002: Chile

Viaje a Valparaíso. Bonito, Valparaíso. Bonito Viña. Bonito yo, sin vos y con fiebre por el puto viaje. De solo recordarlo me duele la espalda. Nace Josecito.

2003: Argentina

Primer viaje a Argentina. Ahí empezó el idilio. Nace Liliana, terrible muchacha. Ya no me pegues, por favor.

2004: El principio del fin

Por mí, este año, el Derecho y la facultad de San Marcos pudieron haberse ido a la mierda para nunca más volver.

2005: Los muchachos regresan

Y la literatura también, para mi fortuna, o mi desgracia, no sé, pero a estas alturas, el Derecho ya se había ido a la mierda. Primer cumpleaños como solista. Perdí en el Concurso de Miraflores, sería la primera de las derrotas. Pero eso tampoco importa.

2006: Año feliz

Porque quiero y porque sí. Porque escribí, ahorré, hice el blog, escribí más, a veces peor, otras veces peor aún, y ya estaba con la mira en el Sur, aunque, me hubiese gustado llevarte. Otra vez, porque quiero y porque sí.

2007: Volví sin ningún rasguño

Me fui y volví de mi viaje "cheguevarístico invertido" hacia Chile, Bolivia y Argentina, con todos los dolores y mi maletota, conocí a Puig, Bolaño, redescubrí Balzac y Miller, Vargas Llosa, Flaubert y Bryce. En verdad volví rasguñadísimo, con mucho rock, con muchos temas para escribir, a una nueva chamba y al Derecho, otra vez. Por eso, no es bueno pronunciar la palabra "nunca".

Feliz cumpleaños, Reo Libre.

No hay fotos, así que estamos piñas.